viernes, 20 de febrero de 2015

Jóvenes: ¡En este país!

Mariano José de Larra publicó el 30 de abril de 1833 en La Revista Española un artículo, firmado como Fígaro -uno de sus varios seudónimos-, un texto que ha pasado a la posteridad como uno de sus mejores en materia periodística en la corta vida de este joven escritor. Basta con conocer el dato de que fue el primer cristiano que, tras suicidarse tras sus desamores –en plena época romanticista-, fuera enterrado en un cementerio con el permiso de la Iglesia española, conservadora de los viejos ideales del Antiguo Régimen por aquel entonces. Un ejemplo de la  gran pluma literaria de este autor.

El artículo comenzaba con una introducción haciendo referencia a la necesidad en ciertos pueblos de buscar palabras o frases que fueran difundiéndose y  mutando hasta llegar a usarse sin saber por qué. Una de esas frases era “en este país”, que justificaba constantemente los males que aquejaban entonces a España, que eran muchos y varios pues, el reino estaba en vísperas de una guerra civil y, el proceso liberal no acababa de asentarse con la irrupción en la vida política de varios espadones a través de pronunciamientos, ya fuere de carácter liberal o, absolutista.

Precisamente, esa frase es utilizada en su mayoría por la juventud según Larra, que achaca la mala situación del país y la falta de progreso con esta ‘muletilla’. Larra personifica este malestar juvenil en su amigo ‘Don Periquito’ que critica sin saber todo. Si Don Periquito no almuerza, tiene la habitación desordenada o si escribe un panfleto y no logra venderlo, éste lo achaca al país. Con esta personificación, el autor pretendía en este artículo poner de manifiesto el medio saber de la juventud. Despreciar lo que se tenía intentando aparentar que se conocían cosas mejores. Concluye Larra mencionando que, en su opinión, la gente como Don Periquito que lo critica todo tendría que haber mirado atrás en el tiempo y ver los progresos que se hicieron.

El texto en sí, merece la pena leerlo porque aunque hayan pasado más de 180 años, parece que España no sale de su asombro una vez más y, mantiene la vigencia en los tiempos actuales. Sólo una apreciación, esta vez la juventud, nos hemos cargado de recursos para conocer otros países, otros modelos, gracias a las experiencias que nos permiten las becas Erasmus o herramientas tecnológicas como internet, que ‘empequeñecen’ el mundo y los entresijos que esconde éste. Por ello, ha surgido entre las nuevas generaciones una nueva forma de pensar acorde a los tiempos que el mundo padece y, creo que esta vez, teniendo en cuenta los titulares con los que nos levantamos cada mañana, podemos decir más alto que nunca: ¡lo que no suceda en este país!


“Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido (…) Éste es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerlo, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.”

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