viernes, 30 de enero de 2015

Winston Churchill. Al servicio del Imperio Británico

Este lunes fue el aniversario de la muerte de Winston Churchill (1874-1965), genio y figura de la política del siglo XX. Fue militar, estadista, premio Nobel de Literatura, reportero de guerra… Su persona despierta las mismas pasiones que odios debido a su larga vida en las covachuelas ministeriales. Criado en una familia pudiente de Oxfordshire (Inglaterra), fue un niño feliz en sus primeros años como mozo pero, cuando sus padres le obligaron a entrar en el colegio Ascot, el futuro primer ministro reaccionó rebelándose ante todo. Sus notas no fueron brillantes pero los profesores reconocían el talento que tenía.

Suspendió dos veces el examen de ingreso a la prestigiosa Academía Militar de Sandhurst -que tuvo alumnos de noble cuna como el rey de España Alfonso XII-, es ahí cuando entró en razón y comenzó a base de testarudez, centrarse en su vida. Gracias a sus influencias familiares, una vez graduado, estuvo como voluntario en la guerra de Cuba (1895),  y combatió en la India (1898) y el Sudán (1899). Es ahí cuando plasmo todas las lecturas que en su juventud bebió sobre ‘el arte de la guerra’, porque para él, como reconoció años más tarde, “la guerra era sólo un juego que había practicar con una sonrisa”. Participó en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) encuadrado en el Almirantazgo británico y, ahí fue donde cosechó su mayor fracaso militar en su larga carrera y el nombre que le persiguió para siempre: El Carnicero de Gallipoli.



Pero si por algo es reconocido Sir Winston Churchill es por su papel crucial desempeñado durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En 1940 fue nombrado Primer Ministro y, aunque su nombramiento no fue muy aceptado entre algunos funcionarios que trabajaron con él, el tiempo demostró que fue un acierto. En los primeros meses de la guerra, cuando Gran Bretaña luchaba sola ante el peligro nazi, el recién nombrado Primer Ministro se dirigía en horas bajas al pueblo británico ante la BBC en una serie de discursos que quedarán para la posteridad. Desde el Finest hour, pasando por el Blood, toils, tears and sweat hasta llegar al famoso We shall fight in the beache.

Tras el fin de la contienda el ya ex Primer Ministro, perdió las elecciones para su infelicidad pues, a pesar de haber sufrido varios infartos durante los años de guerra, jamás se sintió tan joven de espíritu. Churchill fue pionero al defender la idea de la unión de Europa, para evitar futuros conflictos entre Francia y Alemania, cuyas relaciones bilaterales eran vitales para el futuro del Viejo Continente según entendía éste. Sin embargo, consideraba que el Reino Unido no debía ser parte de esa Europa unida, sino que su futuro debía estar ligado a sus ‘primos’ americanos.


Tras un segundo mandato 1951-1955 en el que Churchill combatió a sangre y fuego el desmembramiento del Imperio Británico, el viejo león se retiró de la vida pública y se dedicó a la escritura. Para siempre quedará en el recuerdo sus luces y sombras pero, es incuestionable que no se entiende la historia del siglo XX sin su figura.

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