miércoles, 7 de enero de 2015

Innovación en la educación: nuevos profesionales para nuevos tiempos


Hoy queremos compartir con vosotros un artículo de Rafael Pilar, profesor del Centro San José de Calasanz de Santurtzi y gran amigo de la Fundación. 

Recientemente les hablaba de los nuevos perfiles de profesionales que están exigiendo las empresas en sus contrataciones. Les decía que ya no es suficiente con jóvenes que obtengan un título con buenas calificaciones como garantía de éxito. Si algo nos ha demostrado esta crisis, es que con un título o un buen expediente académico las puertas no se abren al grito de “Abra Cadabra” o peor aún, no garantiza permanecer en la empresa para aquellos que sí lograron abrirlas hace muchos años. Hoy en día las empresas buscan titulados con una serie de competencias adicionales como habilidades de comunicación, capacidad para trabajar en equipo, que aprendan rápido de sus errores, a poder ser de forma autónoma, capaces de tomar decisiones y además de resolver problemas. ¿Qué les parece? ¿Encajaba usted en el perfil al acabar sus estudios y buscar trabajo?

Este mercado laboral globalizado, descarnado, que no entiende de sentimientos ni fronteras, tiene nuevas necesidades y por lo tanto nuevas exigencias al mundo educativo. En la Formación Profesional desde hace ya unos años nos hemos tenido que adaptar a marchas forzadas a esta nueva situación porque todo nuestro alumnado debe hacer varios meses de prácticas en empresas para obtener su titulación. Hemos visto cómo ha ido cambiando el panorama en los últimos años, hasta convertirse en una necesidad, ya apremiante. ¿Pero está respondiendo la escuela, los sistemas de formación a estas nuevas necesidades? ¿El mundo educativo y los profesionales de la formación  estamos preparados para lo que se espera y exige de nosotros?

Tal vez sea interesante dar un salto en el tiempo y pensar a qué dedicamos nosotros el tiempo en nuestros estudios y de qué nos ha servido en nuestras trayectorias profesionales. ¿Qué nos habría bien saber para ese viaje y qué cosas han venido en nuestra mochila y no las hemos necesitado para nada? Muchos de ustedes recordarán haber pasado muchas horas en el colegio buscando el máximo común divisor o el mínimo común múltiplo, con afición por esconderse por lo visto. También descomponer polinomios por Ruffini nos ocupó una temporada o resolver raíces cuadradas por ejemplo. Horas y horas dedicadas a saber de memoria unos verbos irregulares que no sabíamos donde poner o resolviendo integrales. Por no hablar de los idiomas, años superando exámenes que a nadie garantizaba contestar bien a un turista que buscaba una calle en Bilbao. ¿Le ha ayudado mucho en la vida todo esto?

Rafael Pilar


Esta claro que reformas como el Plan Bolonia en la Universidad o las diferentes iniciativas de Formación en Alternancia en la FP buscan recortar la clásica brecha entre empresa y escuela, hoy más patente que nunca, puesto que las necesidades empresariales han evolucionado mucho más rápido que las diferentes reformas educativas. 

Debemos ser valientes en los entornos educativos si de verdad queremos preparar a nuestro alumnado para los retos que les están esperando ahí fuera. No debemos obsesionarnos con hacer superar al alumnado unos temarios comprimidos, muchas veces poco adecuados y desde luego alejados de lo que empresas y sociedad esperan de ellos en su desempeño laboral. Sin ningún miedo debemos ajustar las metodologías de enseñanza, temarios y tecnologías poniéndolas, como mero instrumento, a lo verdaderamente importante: el enriquecimiento y desarrollo personal y profesional del estudiante. Permitirle entrenar y aprender cosas que de verdad va a necesitar en su vida laboral y personal. Vamos, en otras palabras, que sean capaces al final de su periplo educativo, de hablar solventemente dos o tres idiomas, de aprender por sí mismos, de realizar análisis críticos de situaciones y datos para llegar a una idea concisa de un asunto. Que, como la vida misma, estén habituados a trabajar con otras personas, a comunicarse adecuada y constructivamente. Que sean capaces de buscar y gestionar información relevante, imagínense hoy en día entre océanos de datos, que les lleve a una toma de decisiones adecuadas. Que no teman al error, que lo busquen, que aprendan de él, que sean capaces de superarlo, como dijo Goethe “la única persona que no se equivoca, es la que no hace nada” Y ahí vamos al quid de la cuestión: ¿cómo se puede lograr eso en los colegios? Dejando hacer, no hay otra vía. El alumnado debe trabajar en metodologías de aprendizaje que les permita “learning by doing” o lo que e lo mismo aprender haciendo. ¿Se imagina aprender a hacer una buena tortilla sólo estudiando la receta de Argiñano y superando varios exámenes? Mi ama, que nunca superó ninguno, la hace maravillosamente. Claro después de muchos años de práctica.

Queremos que nuestro alumnado adquiera esas competencias técnicas y personales que la empresa valora en un buen candidato. Para ello docentes y centros educativos hemos emprendido un camino de no retorno en el que el aprendizaje por proyectos, la resolución de proyectos, la evaluación de competencias y de conocimientos aplicados, emprendizaje, simuladores, presentaciones, exposiciones orales han tomado las aulas. Conceptos como entrenamiento de inteligencias múltiples, Desing Thinking o desarrollo de la creatividad, están tomando las aulas progresivamente. Esto ha exigido y lo hará más aún, un cambio en el rol del profesor. De ser un transmisor de los conocimientos que tiene de un tema estamos pasando a ser entrenadores, coachs si me permiten, guías, asesores, orientadores y sobre todo, por encima de todo, motivadores. La motivación en el alumnado es la llave que lo arranca todo. Si como docentes somos capaces de lograr que el alumnado afronte sus proyectos educativos con la motivación del que hace algo que le gusta, que le entretiene, que le apasiona… nunca nos olvidarán y estarán eternamente agradecidos. Es lo que el experto mundial en educación,  Sir Ken Robinson, llama “El Elemento”. Aquellos alumnos, motivados, apasionados que aman aquello que hacen, sin duda cambiarán su entorno y tienen muchas posibilidades de guiar su propio destino profesional.


Pero aún queda otro reto, que tal vez afrontemos en otra ocasión. Volviendo a la pregunta de qué me hubiera venido bien saber en este trayecto ¿qué me dicen de cómo vivir en pareja? ¿cómo negociar con los bancos y evitar algunas de las sorpresas que llenan la prensa estos tiempos? ¿cómo relacionarnos de forma sostenible con el planeta y sus habitantes? ¿cómo cuidar de mi cuerpo y alimentarme adecuadamente? ¿cómo no caer en depresión o superar la soledad? ¿cómo encontrar el equilibrio emocional? y ya puestos ¿cómo ser feliz?, ahí es nada. No me cabe duda de que en la educación del futuro, estos temas clave, “los temas” diría yo, tendrán su espacio, su tiempo y sus gurús. Otro reto para la educación del futuro. 

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