martes, 16 de diciembre de 2014

Iberoamerica. Pasado, presente y futuro a ambos lados del Atlántico

La pasada semana se celebró la XXIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que reunió en Veracruz a la ‘familia’ de ambos lados del Atlántico de habla hispano-portuguesa. En esta ocasión, se cerraba el ciclo iniciado en Cádiz 2012 en la que se reconfiguró la ‘latinoamericanización’ de las estructuras iberoamericanas que hasta ahora estaban sustentadas principalmente tanto en capital humano como monetario por la aportación de los países europeos.

Básicamente el término engloba que ahora que la ‘Madre Patria’ española está en plena zozobra económica, los países más desarrollados de América Latina (Colombia, México…), adquieran más protagonismo en las reuniones bianuales que se celebrarán a partir de ahora. Curiosamente, y para no repetir la abstención de Jefes de Estado que se han producido en anteriores ocasiones debido a la dificultad de atraer a este tipo de cumbres a personalidades políticas cuyas diferencias ideológicas son, como mínimo, dispares… tanto México como Colombia serán las próximas sedes de las conferencias iberoamericanas. Es decir, España busca a atraer a los países motores –económicamente- para fortalecer la relación iberoamericana y, de esta manera, las cumbres sean sinónimo de éxito tras los últimos fracasos de Panamá o Paraguay, entre otras.


Es preciso recalcar a aquellos lectores que no estén familiarizados con los temas Iberoamericanos que las cumbres se iniciaron en Guadalajara (México) allá por 1991.Los países latinoamericanos que participaron en las primeras cumbres nada tienen que ver con la situación actual, de ahí la necesitad de ‘renovar’ el espacio iberoamericano, “con una apuesta clara por la educación, la cultura y la innovación”, como ha escrito Rebeca Grynspan secretaría de la SEGIB.

Buceando en el pasado

Lo cierto es que las relaciones entre ambos hemisferios han sido inexistentes en algunas casos y, poco frecuentes en otros, especialmente tras los procesos de independencia dos siglos atrás de las repúblicas latinoamericanas. Un ejemplo. Mientras los norteamericanos e ingleses al día siguiente de firmarse la Paz de París (1783) ya estaban comerciando entre ellos, los españoles y sus antiguas colonias prosiguieron con las malas relaciones a pesar de que ya, América fuese irrecuperable para desdén del tan ‘deseado’ Fernando VII. Acusaciones mutuas, planes subversivos, pago de deudas contraídas, recelos recíprocos… y así a lo largo de décadas.

Tras la independencia de las Trece Colonias, uno de los hombres ilustrados del gobierno de Carlos III predijo las consecuencias de la emancipación del gigante americano. Con una previsión a largo plazo poco frecuente entre los hombres de aquella época, advirtió al monarca de la necesidad de replantear la relación entre Metrópoli y colonias. En base a lo cual, redactó un informe, hoy ya famoso, en la que instaba a Carlos III a crear 3 principados en el continente americano –México, Perú y Tierra Firme-, regidos por infantes en unión confenderal con España.


“Esta es la idea por mayor que he formado de este delicado negocio; si mereciese la Soberana aprobación de V.M. la extenderé explicando el modo de verificarla con el secreto y precauciones debidas para que no lo trasluzca la Inglaterra (…)” escribía en el informe el propio conde de Aranda de quien Voltaire dijo que con doce hombres como él, España quedaría regenerada. El informe obviamente no fue del gusto de su Catolicísima Majestad, y las palabras de Aranda quedaron postergadas como tantas otras en la Historia de España a los archivos ministeriales.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada