jueves, 19 de junio de 2014

Monarquía ¿pasado o presente?

El cambio es la norma que rige nuestros días. Se intuía, pero su materialización se ha producido al calor de las elecciones del pasado 25 de Mayo de 2014. El impulso a la regeneración democrática parece haberse plasmado a partes iguales entre la ciudadanía y las instituciones. Se han intensificado los discursos a favor de ir dando paso al  relevo generacional. Esto es algo que está quedando claro: fuerte ascenso electoral de la izquierda, relevo en la Secretaría General del PSOE acompañado de una convocatoria de primarias y por último la abdicación de la Corona a principios de Junio de este mismo año. Como afirma Joaquín Estefanía en un reciente artículo: “Cambia, todo cambia”. Esta centenaria institución se encuentra a las puertas de su mayor reto desde la Transición: legitimar su presencia y utilidad.

A lo largo de este post trataremos de conocer la opinión de la sociedad y en particular la de la juventud acerca de la monarquía, con el fin de realizar un mejor retrato del sentir de nuestra ciudadanía. Para terminar, me gustaría dedicar un apartado acerca de la posición de la monarquía respecto al empleo juvenil y algunas propuestas de innovación social.


Una encrucijada histórica
Este periodo histórico es especialmente complejo, el próximo monarca debe actuar en diversos frentes abiertos. Según estadísticas del INE, la institución monárquica obtiene una nota media de 7,48 en Diciembre de 1995, descendiendo hasta un 3,72 en Abril de 2014. No obstante el futuro monarca goza de un índice de aprobación cercano al 70% según la reciente encuesta realizada por Sigma-Dos. Esto se debe según la propia encuesta, a su amplia formación y a su imagen -cuidada con mimo- durante los últimos meses. En estas últimas fechas los principales titulares de los  periódicos de tirada nacional, lo han calificado como `Príncipe mejor preparado´ y han afirmado que representa una `garantía de futuro´.

Se prevé que el acto de proclamación y su discurso sean un fiel reflejo de las líneas a seguir durante su reinado, en el que según parece, no habrá referencias religiosas, y no se invitará al resto de casas reales de Europa. Esto representa un claro intento por adaptar la institución al Siglo XXI. No son pocos los retos a los que debe enfrentarse su reinado, que según parece será una institución más moderna y actualizada, una `monarquía 2.0´. Los más destacados son:

1) Una monarquía que debería basarse, tal y como señala el periodista Jesús Rodríguez, en la transparencia, la agilidad y en apostar por la presencia de más mujeres en los altos cargos de las empresas y organizaciones.

2) La promesa del futuro monarca de defender la unidad incorporando a su vez la diversidad del país. Según los analistas la buena o mala gestión de la unidad del país, marcará el devenir de la institución.

3) Por último, la inoperancia de una parte de la clase política y la atención mediática que generan algunos casos de corrupción, han hecho aflorar el mencionado término de  “Segunda Transición”. Según el prestigioso escritor y poeta José Manuel Caballero Bonald, hemos llegado a un punto en el que “la regeneración del país es inaplazable”. Este sería el último de los grandes retos que le esperan al futuro jefe del estado.

Es de vital importancia no perder de vista el apoyo de una parte de la sociedad a la celebración de un referéndum sobre el modelo de estado. Varias manifestaciones han expresado la necesidad de una consulta en las últimas semanas. La ciudadanía tiene multitud de inquietudes acerca de su  futuro, como se aprecia en un vídeo titulado “¿Qué le pides tú a Felipe VI?” en la versión digital de “El País”. Una pregunta queda en el aire tras la exposición de diversos datos y los principales retos, ¿la regeneración de la institución es suficiente o debe desaparecer?

Por eso, y por todo lo expuesto anteriormente me atrevo a plantear que nos encontramos ante una encrucijada histórica que marcará el futuro del país: seguir con la monarquía apostando por una “Segunda Transición” de la mano del futuro Rey o asumir el momento de cambio, prescindiendo de  esta institución.


Una apuesta por la juventud
Según una encuesta de Metroscopia publicada el 8 de Junio de 2014, los jóvenes de entre 18 y 34 años, preguntados acerca del respeto que les merece el Príncipe le otorgan una nota media de 6,9 sobre 10. Entre la juventud, se aprecia un gran desencanto hacia las instituciones, de las que los jóvenes esperamos un mayor compromiso para que se ponga freno a esta situación de desamparo. El empleo juvenil debe ser una garantía de futuro para cualquier país próspero. Por eso, es una obligación reactivarlo y fomentarlo a través de iniciativas reales y tangibles.

El futuro monarca apoyando el empleo juvenil. /NSF

Más allá de cómo se resuelva esta encrucijada, Felipe VI tiene aquí una oportunidad de oro para demostrar su interés por el empleo juvenil, por ejemplo apoyando a la reciente campaña lanzada por Fundación Novia Salcedo: Pegasus. Campaña que apuesta por declarar la “Década del Empleo Juvenil 2019-2028” para combatir el desempleo juvenil. Un proyecto que tiene como objetivo “generar un movimiento internacional de reflexión, pensamiento, debate y acción que aporte ideas, contenidos y soluciones consensuadas a la situación de desempleo o empleo no decente en la que viven cientos de millones de jóvenes en cientos de lugares en el mundo”. Quizá el apoyo a este tipo de iniciativas, pueda ser una vía para que el nuevo Rey legitime su papel en esta sociedad -en pleno siglo XXI- y se acerque así a los problemas que inquietan a la ciudadanía.

1 comentario:

  1. He escuchado el discurso del nuevo rey Felipe VI, y debo decir que me ha gustado más que los discursos de muchos políticos. Una cosa es hablar y otra hacer, o poder hacer en este caso. Porque el "monarca" tiene las alas muy recortadas para volar. De él se espera ser un conciliador que pueda estar por encima de las disputas políticas. Que es capaz de convencer más que de mandar. ¿Es mejor tener un rey que tener un presidente de una república? Creo que las posturas "a priori" no son razonables, por carecer de razones. Hay repúblicas donde un presidente tiene una función que no difiere mucha de la que tiene un rey constitucional (Pocos conocen el nombre del Presidente de Alemania, pero a la señora Merkel la conocemos todos). Y de un presidente que ha sido elegido por el 51% de los votantes difícilmente se puede decir que es un presidente de todos los ciudadanos. Y hay presidentes que sí tienen poder, como en Francia. Pero todos sabemos como gran parte de los franceses no están satisfechos ni con el de la derecha (Sarkozy, además envuelto en algún escándalo) ni con el de la izquierda (Hollande cuya popularidad tampoco es de las mejores). Además que algunos tienen una vida privada bastante frívola, pero en Francia para muchos esto parece secundario. Antes de De Gaulle los presidentes franceses no tenían poder, y no funcionó porque las repúblicas caían una tras otra, por incompetencia.
    Al fin y al cabo, monarquía o república, ninguna funciona si las personas fallan en su responsabilidad de servicio a la sociedad, y se dedican a su propio ego o a algún sector o ideología política olvidándose de los otros. No entiendo porqué para un cristiano pueda existir una "derecha" o una "izquierda". El Cristo era más bien de "izquierdas", por defender a los marginados contra los que marginaban, pero no en el sentido político que se le da hoy a la "izquierda". Hay demasiado polarización política, que el nuevo rey podría ayudar a neutralizar.

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