martes, 29 de octubre de 2013

China, ¿un posible modelo en la lucha contra la corrupción?

El director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, escribe en la revista digital Tendencias21, si China podría llegar a convertirse en un modelo para España en la lucha contra la corrupción, a pesar de que la corrupción es un grave fenómeno extendido allí desde tiempos históricos. Parece una paradoja, pero quizás no lo sea tanto. Veamos.
Desde el mandato de Jintao en los últimos diez años, las políticas para poner freno a la corrupción han sido el objetivo estratégico del partido en el poder en China. Funcionarios de cualquier nivel, local o central, de la justicia o de la administración, en  empresas extranjeras o en el sector privado, se ven afectados por las investigaciones, expulsiones o los informes de suspensión. El hecho es que hoy día se incrementa la transparencia en los casos de mayor impacto social, ya sea por iniciativa propia o de las redes sociales.
Las exigencias de reducción en el gasto público están al orden del día en China y no respetarlas se asocia con comportamientos indecorosos (banquetes, vehículos oficiales, viajes al extranjero…). Se exige ser escrupulosos siguiendo una estrategia que se plantea como un impulso para recuperar la confianza de una población distanciada y escéptica. El combate contra la corrupción se extiende en todos los órdenes, ya sea mafias que trafican con bebés, multinacionales farmacéuticas implicadas en sobornos, o delitos de otra índole… Detrás de la orden de paralización de la construcción de nuevos edificios públicos en los próximos cinco años, no solo hay un propósito de ahorro, sino también el freno al afán desmesurado de los funcionarios corruptos que estimulan los proyectos para embolsarse las comisiones correspondientes.
Bo Xilai condenado a cadena perpetua
El proceso público contra Bo Xilai, el dirigente expulsado del partido PCCh el año pasado, quiere presentarse como un paradigma de los nuevos tiempos en que “no hay excepciones ni privilegios” que proporcionen inmunidad. Aunque, de momento, estos ejemplos no parecen incluir medidas eficaces de transparencia sobre patrimonios de los dirigentes a todos los niveles o un régimen de incompatibilidades más severo, no hay tampoco propuestas sólidas que puedan reforzar la independencia del poder judicial –también en el punto de mira-, víctima de las interferencias de otras fuentes de poder y del tráfico de influencias.
En China, tradicionalmente, se han asociado la lucha contra la corrupción y las luchas de poder. La corrupción diluye las divergencias de naturaleza ideológica entre rivales políticos, por lo que la rentabilidad de operaciones de “borrón y cuenta nueva” siempre ha sido objeto de minucioso cálculo. La conculcación de principios básicos del Estado de derecho, el cuestionamiento de la independencia del poder judicial o la aplicación de la pena de muerte muestran que los contextos socioculturales son totalmente diferentes a los españoles. Es bien cierto... Pero también lo es que en España aumenta la sensación del imperio de la impunidad, mientras el gobierno español, a la defensiva, solo admite ser objeto de un proceso inquisitorial y de una campaña de acoso y derribo. Por el contrario, en China, parecen avanzar en sentido opuesto, siendo la lucha contra la corrupción el objetivo principal de la agenda política, donde predomina la idea de que “al que pillan se le acabó la bicoca”.   
En la fase actual de la lucha contra la corrupción en China, lo más notorio realmente se aplica a dos extremos: la progresiva domesticación de Internet como referente inexcusable para recuperar la relación dañada entre el poder y la sociedad, y el sistema disciplinario interno que funciona a tiempo completo. Estas medidas se acompañan de una mayor transparencia pública en la gestión de diferentes asuntos que producen malestar en la ciudadanía. La presión cívica en la red está configurando un nuevo poder en China que ahora se encara con muestras de mayor flexibilidad.
¿Tendremos que aprender de ellos?

lunes, 21 de octubre de 2013

Homo "cooperans"

Un artículo de Juanjo Goñi

Nos dicen los antropólogos que del “homo faber”, el que manejaba herramientas, pasamos al “homo sapiens” caracterizado por el uso de lo simbólico y el lenguaje, y por su capacidad para proyectar el futuro, sentir el tiempo. Pero durante todo este periplo de nuestra evolución, nuestros predecesores estuvieron acompañados de un continuo dilema, el que subsiste entre la actitud de competición sobre los recursos escasos y la de cooperación como medio de superar los retos con los que la naturaleza les ponía a prueba. Ambas dinámicas –competición y cooperación- tenían lugar simultáneamente. Para sobrevivir era necesario competir por los recursos escasos con los más distantes de otros grupos, los enemigos y extraños, de la misma especie o no, y para sobrevivir también había que cooperar con los próximos para hacer cosas nuevas, para progresar y sobre todo aprender a resolver problemas más complicados. Los nuestros y cercanos nos suministraban habilidades, nos ayudaban en trabajos complejos, nos comunicaban sus experiencias y nos aseguraban la subsistencia repartiendo las tareas para conseguir cazar en grupo. Eran los nuestros, los que nos aseguraban la eficacia del individuo a través del grupo de conocidos y cómo no, también en grupo trabajaban intensamente para la protección de la prole.

Y así hasta nuestros días en los que sigue activo este dilema social, el que se debate en una economía altamente competitiva de selección del mejor en eficiencia y dentro de una sociedad compleja que necesita progresar y cuidar de lo cercano, para lo que precisa de la denostada cooperación.

Pero las cosas no son iguales ahora y entonces. Lo que ha cambiado en este ultimo milenio es que en la especie humana, el territorio próximo se ha hecho tan grande como el mundo, los recursos pueden viajar, la capacidad productiva se ha hecho infinita, y los extraños y cercanos empiezan a confundirse. Necesitamos menos del grupo y un mayor invidualismo se impone. El dilema sigue pero el contexto donde se debe resolver ha cambiado muchísimo. Si la competición tiene su fundamento en la obtención de los recursos escasos, menos recursos que los declarados como necesitados, estamos abocados a clasificar –de una vez por todas- cuales son los recursos necesarios y cuáles son los límites de lo suficiente. Si estuviéramos cerca de alcanzar los límites de lo suficiente, ayudados por las capacidades tecnológicas, la competición no dejaría de ser un atavismo cultural a ir abandonando. Y si la proximidad de los lejanos también se reduce y son más los cercanos, la cooperación ganaría la partida como el recurso social fundamental del progreso colectivo.

La lógica colectiva de lo macro -el mundo- no coincide con la de lo individual. En lo personal las cosas se ven de otra manera. La posición que adoptamos entre estas dos actitudes de competir y cooperar en lo macro y en lo micro son muy variables. A veces manifestamos solidaridad cuando percibimos situaciones injustas en colectivos lejanos que conmueven a la acción de ayuda. Otras veces competimos por cosas de escaso valor que nos seducen a la hora de comprar algo no muy necesario, por un afán puntual de destacar frente a los otros, y ser más listo que el vecino. Y en otros casos desplegamos la generosidad en el corto plazo ayudando a una persona desconocida que vemos en apuros, o cooperando de manera desinteresada con organizaciones no lucrativas, con el afán de construir algo valioso para el futuro de otros.

Haciendo un balance de los acontecimientos cotidianos entre los que vivimos, encontramos muchos más ejemplos de sistemas de competición que de cooperación. Todas las  evaluaciones que clasifican y destacan unos individuos frente a otros, unas organizaciones frente a otras, los sistemas de precios y compras, el deporte en cualquier disciplina, la selectividad escolar, las relaciones entre partidos y dentro de ellos, los concursos y premios, los niveles salariales, las oposiciones y muchas otras dinámicas de relación entre grupos se dirimen en la pugna de intereses,  en el clásico sólo uno gana y otros muchos pierden. Se trata de competir casi siempre por una cosa que ya existe y que hay que asignarla a una parte o a otra. Por lo general las reglas de juego están impuestas de arriba y ni siquiera puede haber un dialogo entre los participantes para compartir el premio, aunque sus sentimientos y el aprecio de la convivencia podría motivarles a ello. Estaríamos en este caso muy cerca de la negociación o acuerdos de compartir, cuya finalidad es conseguir algo de valor por cada parte, pero las reglas no lo toleran. Debe ganar sólo uno y todos los demás perder, aunque el merito personal no es tan distinto entre los participantes.


Se nos enseña que esto es “ley de vida” y que la selección natural es así de dura, que discrimina al individuo menos adaptado y que el más capaz desplaza al menos capaz, en una eterna competición. Estas son las reglas de la competición, que juega un aspecto importante en la mejora de lo más apto para unas circunstancias, pero que no existiría sin que la cooperación haya hecho un trabajo callado –porque no se publicita-  y previo. No hay posibilidad de que la competición exista si previamente no se han construido recursos, organizaciones o sistemas que compitan, y esto es obra exclusiva no de individuos aislados, sino  de la cooperación entre distintos. Y esto no lo comunicamos ni lo resaltamos y creemos que progresamos por competir lo cual no es cierto.

Cultivos, edificios, caminos, conciertos, espectáculos, grandes trabajos, desarrollo personal, cuidados y salud, cultura, progreso social, conocimiento, creatividad, innovación y otros muchos más elementos que nos permiten estar en donde estamos, son fruto de la cooperación entre distintos individuos. Y sobre estas realidades  hay otras cuestiones importantes que posteriormente las califican y hacen mejores como la eficacia, la eficiencia, los costes, la optimización, la selección, la calidad y otros que son frutos de la competición.


Merece la pena repensar el papel de la cooperación en unas circunstancias planetarias donde los recursos dejan de ser escasos a nivel global, donde su distribución no es razonable y donde la necesidad de progreso y de cambio constructivo, requiere desarrollar esa parte que siempre fue y es fundamental en la especie humana. Tal vez por eso y para recordarlo deberíamos llamarnos “homo cooperans” y no tanto “homo sapiens” o “faber”. Ni la sabiduría simbólica del “sapiens”, ni la habilidad manual del “faber” serian nada sin la naturaleza “cooperans” entre individuos de la especie humana. Tal esa mezcla de simbolismo, habilidad y cooperación nos valió en la determinación del colectivo de seres que ahora somos. No estaríamos aquí si esta característica de la especie, la cooperación,  no nos hubiera acompañado en esos 5 o 6 millones de años de nuestra existencia en el planeta. No perdamos la esencia de lo que somos y nos ha hecho llegar aquí, a pesar de que la comunicación y la educación de hoy -que algún día cambiarán-, nos enseñan -desde la cuna- a competir más que a cooperar y así nos va.

miércoles, 16 de octubre de 2013

El Consejo Europeo pretende activar las iniciativas para el empleo juvenil


El Consejo Europeo, en su reunión del pasado 15 de octubre ha debatido sobre el empleo juvenil y ha hecho un balance de las iniciativas actuales contenidas en una nota guía de la Presidencia.

 

En su nota de prensa el Consejo dice que el empleo juvenil sigue figurando arriba en la agenda política. De acuerdo con los últimos datos de Eurostat, 5,5 millones de jóvenes siguen sin empleo en la UE,  lo que representa una tasa de desempleo juvenil de 23,4% (Julio 3013), comparado a 22,9% en julio 2012 en la Europa de los 27. Los últimos resultados comparativos de la investigación de los NEETs (los jóvenes que no están en el empleo, ni en la educación ni en la formación), unos 14 millones en la UE, muestran que las pérdidas para la sociedad por no integrar a los NEETs se estiman en 153 mil millones de euros. Esto se suma a los costes no estimables de su desconexión de la sociedad en general. 
 
Una serie de iniciativas e instrumentos, incluidos los financieros, se han puesto en marcha a nivel europeo para complementar las acciones nacionales. El objetivo común es mitigar la situación y revertir el peligro de perder toda una generación. Esto requiere la asignación de recursos sustanciales y los Estados Miembros se encuentran actualmente en el proceso de elaboración de sus programas operativos con el fin de hacer uso de las asignaciones del Fondo Social Europeo disponibles (FSE 2014-2020) para hacer frente a este reto, mejorando y complementando las medidas financiadas a nivel nacional. 
 
Para finales de este año se destinarán 6 mil millones de euros del presupuesto de la Iniciativa para el Empleo Juvenil para soportar la Recomendación de la Garantía Juvenil formulada en Abril de 2013, y otras medidas. Estarán disponibles a partir de enero 2014 para el periodo 2014-2017. En particular, a los Estados Miembros con regiones que experimentan tasas de desempleo juvenil superiores al 25%, los principales beneficiarios de la Iniciativa, se les ha pedido someter Planes de Implementación de la Garantía Juvenil (Youth Guarantee) para Diciembre 2013, mientras se ha animado a otros Estados Miembros  de hacerlo en 2014.

 


La Garantía Juvenil (ver el video) es una nueva aproximación para afrontar el desempleo juvenil, que asegura que todos los jóvenes con menos de 25 años – que estén o no registrados en servicios de empleo – reciban una oferta de buena calidad y concreta dentro de los 4 meses de abandonar la educación formal o que se hayan quedado sin empleo. La oferta debe ser para un empleo, para prácticas, o para una educación continuada y ser adaptada a la necesidad y situación de cada individuo. Este principio de la Garantía Juvenil  fue aprobado por los países de la UE en abril de 2013. 
 
Según la Comisión, “Esquemas de aprendizaje de alta calidad y basados en el trabajo son instrumentos para mejorar la transición sostenible de la escuela al trabajo.” También hay un gran consenso sobre las prácticas para facilitar la transición, pero quedan serias preocupaciones sobre su calidad, en particular sobre el contenido del aprendizaje y las condiciones del trabajo. En este contexto la Comisión ha indicado que tiene la intención de presentar una propuesta o un instrumento para un Marco de Calidad para las prácticas. 
 
Con respecto al aprendizaje, el Consejo ha adoptado una declaración sobre la alianza europea para el aprendizaje. La alianza fue presentada en Leipzig el 2 de julio de 2013 con una declaración conjunta por los socios sociales europeos, la Comisión Europea y la presidencia del Consejo. Esta declaración reconoce que los aprendizajes de alta calidad son una  herramienta efectiva para mejorar las transiciones sostenibles de la escuela al trabajo. La alianza debe reunir a las partes interesadas de las autoridades nacionales, agentes sociales, investigadores y practicantes de la educación vocacional y representantes de la juventud. El objetivo de la alianza es poner en común las diferentes corrientes de las acciones existentes y promover los beneficios y la forma de los programas de aprendizaje exitosos y la manera de hacerlos crecer. 
 
El apoyo al emprendimiento de los jóvenes es otra medida para mejorar la situación de la juventud en Europa. En este aspecto, y teniendo en cuenta que los jóvenes necesitan tener acceso a las microfinanzas, el Consejo y el Parlamento Europeo han acordado de considerar a los jóvenes como un grupo objetivo específico en todo el Programa para el Empleo y la Innovación Social, incluyendo las Microfinanzas y el Emprendimiento Social. En relación con el emprendimiento, el programa hace hincapié en la importancia de las pequeñas empresas en cuanto se refiere a la formación, la experiencia y el saber hacer tradicional. Este Programa apoya también los esquemas de movilidad laboral voluntaria dentro de la UE entre los trabajadores jóvenes en Europa, tales como “Tu primer Trabajo EURES”, lanzado en 2012. 
 
Del 29 al 30 de octubre se reunirán en Croacia iguales de un grupo de países europeos para tratar sobre el autoempleo y el emprendimiento social, como alternativa al empleo regular y en particular el apoyo a la integración de los trabajadores con desventajas, teniendo en cuenta los efectos de la crisis financiera que permanecen.

jueves, 3 de octubre de 2013

Los valores de los Europeos

La empresa francesa de prospectiva Futuribles International, en su publicación de agosto de 2013, destaca en el editorial que firma Hugues de Jouvenel el siguiente extracto acerca de una encuesta realizada sobre los valores de los Europeos.
 
La  crisis económica y social, lejos de revestir un carácter puramente coyuntural, resulta sin duda una mutación estructural entre un modelo de sociedad que no termina de morir y otro que no termina de nacer. Y si algunos se oponen a esta mutación radical, otros por revancha son ya los actores.
Este fenómeno no resulta solamente de una transformación profunda del contexto socio-económico. Se enraíza también en una evolución de los valores y los comportamientos individuales y colectivos que, evidentemente, no hacen un todo. Algunos se aferran, sobre todo en un periodo de grandes incertidumbres, a un orden moral que consideran en declive; éstos pueden incluso estar en el origen de movimientos sociales más o menos importantes y radicales. Otros, al contrario, reivindican cada vez más una libertad individual de pensar y tratar que, a pesar de algunos temores, no entraña necesariamente la abolición de toda regla colectiva, la atomización de la sociedad y no convierte en imposible la emergencia de una nueva manera de vivir juntos y de producir un nuevo orden colectivo.
La cuestión que se plantea así y a la cual los lectores de Futuribles no pueden quedar indiferentes, es saber cómo evolucionan los valores fundamentales de nuestros contemporáneos: los que se reclaman de un orden superior, generalmente de inspiración religiosa, que trascendería las voluntades personales; y los que entienden al contrario afirmar la primacía de la libertad individual y el derecho de cada uno a decidir por sí mismo su modo de vida. Philippe Portier, refiriéndose a Friedrich Hegel y Thomas Hobbes, han expuesto reiteradamente en sus publicacines cómo se explicaría la diferencia entre la Antigüedad y los Tiempos modernos, subrayando la afirmación siempre más fuerte, al hilo del tiempo, de la libertad individual al encuentro del respeto de un orden “teocentrado”.
¿Cómo ha evolucionado esta tendencia en el curso de los últimos decenios y qué influencia tiene sobre la dinámica del cambio social en los países europeos? Estas son las cuestiones a las que, en base a investigaciones sobre valores llevados desde hace 30 años, los autores de la investigación entienden aportar importantes elementos de respuesta. Si la tendencia a la individualización de las sociedades no cesa de afirmarse, señalan, ésta no debe en ningún caso ser asimilada al individualismo y al “cada uno para sí”, al declive de los valores colectivos y al rechazo de todo orden colectivo.
 
 
Pierre Bréchon, director de la publicación, explica lo que son estas encuestas sobre los valores de los europeos y en qué países se han realizado. De aquí se deduce claramente la tendencia creciente a la individualización de la sociedad, que es meridianamente más marcada en los países escandinavos y en los grandes países de Europa del Oeste, que en los del Sur y el Este. Una tendencia claramente más afirmada en los países de tradición protestante, en un menor grado en los de tradición multiconfesional, sensiblemente menos en los de tradición ortodoxa o musulmana.
Los autores subrayan esta tendencia y recuerdan igualmente que la permisividad de los euroeos se desarrolla, pero no es idéntica cara a todos los comportamientos más o menos “desviados”, además esta permisividad (tolerancia), contrariamente a una idea muy extendida, se acompaña también de una demanda creciente de orden público. Muestran sobre todo que la individualización no es nada contraria a los valores de vivir juntos, que no sería responsable de cualquier desintegración supuesta del vínculo social y de las solidaridades colectivas.
 
El caso de los países escandinavos es muy esclarecedor porque testimonia, de manera particularmente ejemplar, la forma de conciliar libertad y solidaridad, competitividad y cohesión social.
Estas encuestas revelan claramente la aspiración de los Europeos al bienestar individual y colectivo, sea en la esfera personal o en su vida profesional. Como los valores, contrariamente a la opinión pública, evolucionan lentamente, especialmente bajo el efecto del relevo generacional, es muy esclarecedor lo detectado sobre una tendencia pesada, de largo plazo; que sin embargo, no sabría excluir fenómenos de movilización social más o menos frecuentes y violentos.
Estas tendencias plasman, como tantos otros trabajos de Futuribles, la cuestión de una nueva forma de ser y de vivir juntos, de una nueva forma de construir la sociedad de mañana que, hoy, se explica primero a través de iniciativas locales más o menos innovadoras, más que a través de medidas cautelares, también a menudo paradójicas, dictadas por las autoridades públicas. Los Europeos, como señaló Tocqueville y ha recordado más recientemente el añorado Michel Crozier, parecen haber entendido que “la  fuerza colectiva de los ciudadanos será siempre más poderosa para producir el bienestar social que la autoridad de un gobierno."
 
En resumen, el futuro está entre nuestras manos, concluye Hugues de Jouvenel.