sábado, 20 de octubre de 2012

Lo que de verdad importa

El viernes acudí al Palacio Euskalduna de Bilbao donde se celebraba el congreso de Jóvenes con Valores de la Fundación “Lo que de verdad importa”. Sus organizadores pretenden despertar las conciencias de los jóvenes mostrando ejemplos inspiradores que abran sus mentes hacia las posibilidades que tienen ante sus ojos, a su responsabilidad respecto a su entorno y su actitud ante la vida. Llevan 8 años celebrando congresos por varias ciudades españolas, pero éste es el 4º año que desembarcan en Bilbao.
 
Lo primero que me impresionó al llegar fue la gran cantidad de jóvenes adolescentes desplegados por todo el Palacio de congresos. Unos cuantos eran voluntarios de la organización y se ocupaban de entregar invitaciones o vender chapas y pulseras conmemorativas del acto, otros, los más numerosos, simplemente estaban allí de oyentes. En el auditorio no cabía ni uno más, sencillamente, y la mayoría había tenido que pedir permiso en casa para poder ausentarse del colegio. Los adultos éramos realmente el grupo minoritario, al contrario de lo que suele ser habitual. La capacidad de convocatoria de esta fundación es digna de tener en cuenta. Chicos y chicas bachilleres y universitarios interesados por escuchar a gentes que tenían algo que contarles sobre el valor de la vida, la ética, el coraje y la perseverancia ante la dificultad, así como las ganas de emprender algo nuevo en épocas confusas como la que vivimos. No se trata solo de transmitir conocimientos, sino sobre todo de transmitir emociones que enriquezcan a las personas.
 
El primer ponente, Jorge Font, es un licenciado en administración de empresas  y deportista de élite mexicano que sufrió una grave caída entrenando y quedó paralítico de cintura para abajo. Como él dice ahora su vida marcha sobre ruedas, literalmente. Pero… qué alegría había en su cara, qué ganas de vivir contagiosas a pesar del gran sufrimiento que le ha costado llegar hasta donde ahora se encuentra. Qué logro el vencer esas soledades en blanco y negro, como él las llama, porque en este momento su vida es una hermosa página de colores. Los colores de la amistad, de la solidaridad y de la comprensión. Colores con los que señala en su agenda las citas de trabajo, deporte, familia o amigos; donde todo debe estar equilibrado para poder sentirse bien.
En la vida hay que buscar una pasión, no deja de repetir, y para Jorge Font esa pasión es su familia, su colaboración con la fundación Teletón -una empresa social en la que trabaja para lograr un cambio cultural hacia una sociedad humana- y el esquí acuático. Porque ha vuelto a esquiar, pese a todas las dificultades, y ahora su hijo de 8 años le acompaña.
Hay que aprender, conocer gente, formar “banda” con los amigos, destaca Jorge, buscar las capacidades complementarias para llegar a ser personas críticas que salgan al mundo a “desacomodarlo” con una propuesta que mejore la realidad. “La vida no siempre se puede alargar, pero siempre, siempre se puede ensanchar”, es la receta para la vida que le dejó su abuelo médico a este referente como persona que es Jorge Font.

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de la crisis en Europa? (y II)

Volviendo a la crisis de las subprimes en 2008. ¿Qué tipo de actores han hecho algo en Europa?
 
Alemania fue el único país que hizo algo, algo que ya había hecho antes Gerhard Schröder, el canciller que en 2003 fue derrotado posteriormente en las elecciones. Todos los demás países, sin embargo, no encontraron otra solución más que la de endeudarse para evitar una crisis como la 1929. Esta crisis de origen financiero ha dado lugar a una crisis monetaria, que a su vez ha producido una crisis económica con la desaparición de desarrollo y crecimiento. Solo falta ya una crisis social, que ciertamente se inició con indignación, pero no con acción. En la Primavera Árabe, por ejemplo, hubo indignación masiva de la juventud, pero los resultados políticos han sido lo contrario a lo que aquélla pretendía. No hay acción posible todavía, en el sentir de Touraine. Hay una subjetividad fuerte que penaliza la acción, iniciativas de tipo intelectual pero no social. No hay posibilidades de acción social como hubo en los últimos 5 siglos, pero a la vez hay una razón seria para pensar que contra un adversario global hay que apoyarse en un sentido ético. Hay que movilizar principios éticos universales por la defensa de los derechos.
 
Pero no basta con estar preocupados por la manera de formular los problemas, hay que cambiar la manera para encontrar una solución eficiente. Si no se crean nuevos actores, si no somos capaces de crear actores universalistas y éticos, vamos a la catástrofe, vaticina Touraine. E incide en su tesis de que los actores principales de la sociedad serán a partir de ahora las mujeres, porque defienden una visión despolarizada y reintegrada de la sociedad. Los hombres, afirma, tienen mucho poder y muchos privilegios. Hasta ahora ha sido el período de los hombres, pero ahora el mundo será el opuesto. Reconstruido. Las mujeres han conquistado la palabra, hablan de lo serio, hablan de la vinculación entre los intereses individuales y los colectivos. Si las mujeres no llenan este vacío actual, no existe fácil solución. El único camino es la creación de actores, previo cambio de las reglas. Porque la igualdad de derechos fue la primera etapa, nos recuerda, y ahora no se trata de eso (aunque falte mucho aún), sino de construir para todos desde la visión femenina. No solo razón sino también emociones. (Hay que precisar que los elementos indispensables son los actores femeninos, pero no solo mujeres, sino también hombres que entiendan el significado femenino).
Llegado finalmente el turno del debate, y preguntado respecto a los jóvenes, Alain Touraine no cree tan fácil que sean ellos los nuevos actores sociales. La juventud culta, con educación superior en Europa y Norteamérica, y con educación secundaria en el mundo en desarrollo, está más sensibilizada con resultados inmediatos, y hay una cierta manipulación de la demanda de estos jóvenes por parte del poder económico. Quizá el segmento de edad comprendido entre los 25-40 años, después de la formación, sea el tipo de gente capaz de transformar una experiencia personal. Las categorías más potencialmente activas no son las de más baja categoría social, sino las que están fuera de este proceso de desindustrialización y tecnificación.
Para terminar, al ser interrogado por la situación actual, Touraine responde que lo más honesto es decir lo siguiente: la posibilidad de hacer algo es muy inferior a la posibilidad de no hacer nada. La conclusión catastrófica es más posible, pero la creación de actores éticos es el único camino, insiste. Y no hay actores posibles sin un cambio de las reglas. Es el momento de los dirigentes europeos. En el terreno económico el Banco Central Europeo debe ser como el Banco de Inglaterra, y en el terreno político muestra su simpatía por personajes como Draghi y Monti, que han realizado una transformación enorme, en su opinión. Si un país como Italia ha sido capaz de recuperarse, esa será también la salida para España. El precio a pagar es altísimo, constata, pero los italianos y los españoles –el corazón del mundo europeo en crisis- han hecho ya bastante. Más le preocupan a Touraine sus compatriotas franceses, porque tienen orgullo y son lentos... En cualquier caso, concluye, el coste será muy alto para Europa. Nos esperan diez años duros, pero hay que tener conciencia fuerte y visión dramática de la necesidad de hacer algo.

¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de la crisis en Europa? (I)

Hace unos días la directora de la Fundación Novia Salcedo (NSF) y varios miembros de su equipo de Investigación Social tuvimos el privilegio de asistir a una conferencia del sociólogo y economista francés, Alain Touraine*. Ikerbasque organizó la velada en la sala de conferencias del Museo Guggenheim de Bilbao, de cuya presentación se ocupó uno de los buenos amigos de NSF, el filósofo Daniel Innerarity.
 
El tema era realmente atractivo por su actualidad. ¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de las crisis en Europa? Alain Touraine dejó clara su postura. Cree firmemente que los actores principales serán a partir de ahora las mujeres, porque defienden una visión despolarizada e integradora de la sociedad. Una sociedad basada en principios éticos universales: igualdad, solidaridad y libertad. Cuerpo y espíritu.
Pero vamos a explicar con detalle el desarrollo de la conferencia, porque Touraine piensa que la crisis no está bien explicada.
Su exposición comienza señalando que estamos acostumbrados a vivir en sociedades históricas que se definen por su capacidad de transformarse, de crear cambios constantes en nuestros sistemas sociales que no son sino vínculos entre recursos, valores, normas e instituciones. Cambios que modifican la experiencia individual y colectiva. El llamado movimiento historicista considera toda la realidad como producto del devenir histórico. Porque el carácter dinámico de las sociedades destaca la importancia de la dimensión histórica y ahora estamos viviendo la transformación más rápida de los tiempos modernos. Ahora constatamos por primera vez en nuestra historia un fenómeno increíble: la mayor parte de los recursos capitales disponibles no son utilizados para iniciativas económicas.
Ya hubo movimientos especulativos en otros momentos de la historia (la construcción de los canales de Suez y Panamá fueron un ejemplo de especulación global), pero nunca la mayoría de los capitales se habían utilizado para un fin no productivo como en la actualidad. Por primera vez el uso de los capitales no puede ser controlado por nadie, ni nacional, ni internacional, ni de centros de decisiones financieras ni políticas; porque la mayor parte de los recursos financieros no son para iniciativas de uso productivo. Esta es una situación de enorme trascendencia. El mundo de las finanzas está integrado globalmente pero no hay un gobierno mundial. Ninguna institución puede decir sí o no, y, entretanto, los capitales han dado diez vueltas al mundo. El capital ya no tiene que ver con consideraciones morales, el dinero no tiene ya nada que ver con los recursos culturales y los valores. Esto es una ruptura. ¿Qué pasa, entonces, si no hay comunicación entre recursos materiales y valores culturales?, pues que no hay más vida social. La afirmación de Alain Touraine es contundente. No hay un poder mundial, no hay más sociedad. Porque las categorías sociales están ya vacías: la ciudad, la democracia, la escuela… La democracia, por ejemplo, ya carece de sentido esta palabra, hay que cambiarla. Y es que en el mundo hay muchas complejidades, todas las instituciones son indispensables, pero confusas… Nadie sabe a qué atenerse.
Llegado a este punto, Touraine plantea la siguiente hipótesis de trabajo.
Lo que vivimos no es una crisis económica, es el fin de las sociedades. Ya no hay más. Estamos viviendo en un mundo deshecho, de ruina de las sociedades. Somos conscientes de que lo que seguimos diciendo a diario no tiene sentido. Ya no hay más actores sociales. Hay un proceso de debilitamiento de éstos, y el caso más destacable es el de la empresa. Durante siglos hemos vivido la empresa como un grupo humano con ciertas funciones. Un grupo humano que fue el actor central de moda hace 40 años, pero ahora está dominado por otro concepto: el mercado. Y el mercado no es una unidad social. En la actualidad, ha disminuido la importancia de muchos actores: los sindicatos en Europa no tienen la importancia que tenían en el mundo industrial, tampoco la tienen en China. De igual forma ha disminuido la importancia de los partidos políticos, de la democracia representativa. Son por el contrario la democracia participativa y la democracia deliberativa las que se defienden en muchas partes del mundo.
Entonces, ¿quién puede crear algo social nuevo? Seguramente no los actores sociales, en opinión de Touraine. Porque hay actores, efectivamente, pero no son actores sociales. Un dictador puede cambiar la economía de su país, es un actor real pero no social (su poder no está basado en leyes, procesos, etc…) Los actores no sociales son un conjunto de poderes no legales: la violencia, el crimen, el chantaje, la violación de los derechos humanos o de las personas son varios ejemplos. Hay actores que no son ni actores sociales, ni dictadores, ni narcotraficantes, pero no son actores éticos que transforman principios éticos en programas de acción o iniciativas políticas. Y esa es la clave. En Europa hemos sido pioneros en la idea de los derechos humanos universales. Ahí está la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la ONU en 1948. Y tenemos la hipótesis de que hay una solución posible, que sería la de un mundo organizado alrededor de un centro social. Porque hemos caído en la cuenta de que somos capaces de destruirnos (bomba atómica, totalitarismos, emisiones de gases…) y de que vivimos de una manera no social. Hay un riesgo vital orgánico de muerte de toda la humanidad. Estamos jugando con nuestra vida y nuestros derechos, a partir de la ignorancia que significa la desaparición de los actores sociales. Como escribió Hannah Arendt, el ser humano tiene el derecho de tener derechos. Los derechos, en consecuencia, deben estar por encima de las leyes, lo ético debe estar por encima de lo social.
*Alain Touraine es uno de los más influyentes sociólogos e intelectuales contemporáneos, autor de varias decenas de libros traducidos a numerosas lenguas y, en particular, creador del concepto “sociedad postindustrial” con su libro del mismo título de 1969. Siempre vinculado a la prestigiosa École des Hautes Études en Sciences Sociales, uno de sus principales intereses en su carrera han sido los movimientos sociales, desde Latinoamérica y Polonia hasta Mayo del 68 Francés. Fue galardonado en 2010 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades junto a Zygmunt Bauman.

martes, 9 de octubre de 2012

Prosperidad con o sin crecimiento


En la página de ATRIO http://www.atrio.org/, espacio abierto entre lo sagrado y lo profano, donde escribe nuestro buen amigo Antonio Duato, encontramos una interesantísima reflexión del  teólogo y filósofo brasileño Leonardo Boff dedicada a la prosperidad de los países, ya sean éstos desarrollados, o pobres y emergentes.
 
En opinión de Boff, esta crisis ecológico-social que se extiende por todos los países está obligando a repensar el crecimiento y el desarrollo, de la misma manera que sucedió en la conferencia Río+20. Los modelos hasta ahora vigentes se muestran insostenibles,  señala y por esta razón, son muchos los analistas que afirman que los países desarrollados deben superar el fetiche del desarrollo/crecimiento sostenible a toda costa. Los países desarrollados no necesitan crecer porque lo han conseguido prácticamente todo para una vida decente y libre de necesidades. En lugar de crecimiento/desarrollo, entonces, se impone una visión ecológico-social: la prosperidad sin crecimiento (mejorar la calidad de vida, la educación, los bienes intangibles). Sin embargo, en los países pobres y emergentes se necesita prosperidad con crecimiento. Porque ellos tienen la urgencia de satisfacer las necesidades de sus poblaciones empobrecidas, que representan el 80% de la humanidad.
 
Boff se cuestiona si es sensato perseguir el objetivo central del pensamiento económico “industrialista/consumista/capitalista” que planteaba la pregunta: ¿cómo ganar más?, y que suponía la dominación de la naturaleza en favor del beneficio económico. Y constata que la realidad ha cambiado y ahora la pregunta es otra: ¿cómo producir viviendo en armonía con la naturaleza, con todos los seres vivos, con los seres humanos y con el Trascendente? Respondiendo a esta pregunta las personas decidiremos si hay prosperidad sin crecimiento para los países desarrollados y con crecimiento para los pobres y emergentes.
 
Leonardo Boff ilustra esta idea distinguiendo cuatro tipos de capital: el natural, el material, el humano y el espiritual. Y los define de la siguiente manera: El capital natural está formado por los bienes y servicios que la naturaleza ofrece gratuitamente. El capital material es el producido por el trabajo humano (aquí hay que considerar bajo qué condiciones de explotación humana y de degradación de la naturaleza ha sido construido). El capital humano está formado por la cultura, las artes, las visiones del mundo, la cooperación, es decir, realidades pertenecientes a la esencia de la vida humana (aquí es importante reconocer que el capital material ha sometido al capital humano a distorsiones, pues ha hecho también mercancía de los bienes culturales). El capital espiritual, por último, pertenece también a la naturaleza del ser humano que se pregunta por el sentido de la vida y el universo, lo que podemos esperar más allá de la muerte, los valores de excelencia como el amor, la amistad, la compasión y la apertura al Trascendente… y aquí, Boff repite lo mismo que antes, que debido al predominio de lo material, lo espiritual se encuentra anémico y no puede mostrar toda su capacidad de transformación y de creación de equilibrio y de sustentabilidad a la vida humana, a la sociedad y a la naturaleza.
 
El gran desafío que se presenta a las personas es hoy día cómo pasar del capital material al capital humano y espiritual. Teniendo en cuenta la necesidad de un cierto crecimiento material para garantizar -con suficiencia y decencia- el sostenimiento material de la vida, lo humano y lo espiritual no eximen del capital material. Sin embargo, no podemos restringirnos a un crecimiento con prosperidad porque éste no es un fin en sí mismo, se ordena al desarrollo integral del ser humano, destaca Boff.
 
En este orden de cosas, Leonardo Boff rescata autores de gran talla humana como el premio Nobel de economía 1998, el indio Amartya Sen, que en su libro “Desarrollo y libertad” (Planeta 2000), definió el desarrollo como “el proceso de expansión de las libertades sustantivas de las personas”. No se trata pues de atender a la nutrición y a la salud como base para cualquier prosperidad, no solo es eso, sino que lo decisivo reside en transformar al ser humano. Para Amartya Sen es fundamental la educación y la democracia participativa, donde todos deben sentirse incluidos para, unidos, construir el bien común.  El crecimiento/desarrollo que busca la prosperidad supone entonces la ampliación de las oportunidades de modelar la vida y definirle un destino. El ser humano se descubre un ser utópico, es decir, un ser siempre en construcción, habitado por un sinnúmero de potencialidades. Crear las condiciones para que puedan salir a la luz y sean implementadas es el propósito del desarrollo humano como prosperidad. Se trata de humanizar lo humano. Al servicio de este propósito están los valores ético-espirituales, las ciencias, las tecnologías y nuestros modos de producción.
 
Y Leonardo Boff puntualiza que este capital humano y espiritual "cuanto más se usa más crece, al contrario del capital material que cuanto más se usa más disminuye. Mientras concluye su reflexión con esta sentencia esperanzadora: Tal vez sea este el gran legado de la crisis actual".

martes, 2 de octubre de 2012

"Si reducen más los salarios, ahogarán el crecimiento"

Raymond Torres es un investigador francés de La Sorbona nacido en Madrid hace 52 años. Es francés por parte de madre, está casado con una navarra y analiza España desde Ginebra, que es donde vive y donde dirige el Instituto Internacional de Estudios Laborales (IIEL) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la ONU. Bajo su dirección trabajan 30 investigadores de todo el mundo y están pensando trasladar el Instituto de Ginebra a Barcelona. La Vanguardia ha publicado una entrevista suya este fin de semana.
Raymond Torres cree en la justicia social y en que puede obtenerse en libre mercado. Opina que política y religión es mejor no mezclarlas. Cree que la transición está agotada, que necesitamos otro proceso constituyente y un nuevo pacto social y territorial en España. Y pronto. O se renegocia o se rompe, señala. Las autonomías tampoco han logrado, en su opinión, convertir más autogobierno en menos paro; ni mejorar la formación profesional: debemos volver al aprendiz, indica. Piensa que las soluciones siguen estando en Europa: en el modelo austriaco, que permite al empleado mantener sus derechos sin frenar su movilidad entre empresas; y en la cesión de la gestión del empleo juvenil a la UE, indemnizaciones de desempleo incluidas.

Cuando se le pregunta por qué no funciona en España la reforma laboral, contesta que es porque no tenemos crecimiento. El crecimiento, destaca, o lo genera el Estado con inversión pública y estímulos fiscales... o lo crea el consumo de las familias, ahora estrangulado por sus deudas y el paro. Así que, para crecer, sólo les quedan las exportaciones y la inversión de las pequeñas empresas que podrían crear empleo.

La estadística del BCE demuestra que los bancos no están prestando a las empresas y los banqueros alegan que porque no tienen demanda solvente de crédito. Sin embargo los indicacores del BCE apuntan que sí la hay, pero los bancos no la atienden, porque están digiriendo sus propios problemas. Y ahí encontramos el primer gran nudo del crecimiento español: mientras los bancos no den crédito, las empresas no crearán empleo y por tanto no habrá crecimiento. Desde 2011, España exporta mucho y de todo. Por eso estamos pidiendo ahora que las empresas no reduzcan más los salarios. Es ¡de sentido común! Las empresas han reducido los salarios ya, pero los precios, no. Y pese a tener ese margen mayor de beneficio, no han invertido ni han creado empleo. Esperan a que se disipen incertidumbres y a que aumente la demanda. Pero no aumentará si todos siguen reduciendo sueldos. Por eso, pedimos también a Alemania que los aumente y tire así de las exportaciones de toda la UE.

Lo urgente en España ahora, además de esa reforma bancaria, es una política industrial que no  tienen. Tras el fin de la construcción... no sabemos qué modelo productivo se quiere tener y sin embargo ¡todo el país debería saber hacia dónde va!. Sería un liderazgo esperanzador, pero sobre todo daría coherencia a todas las reformas pendientes y a su modelo educativo que, es obvio, el que hay no funciona. La formación profesional debería tener prestigio universitario, pero aún es una vía de segunda, y pregunta al periodista: ¿por qué no lleva usted un aprendiz de periodista a su lado aquí y ahora?

En Alemania, Suiza, Austria... todos los profesionales llevan siempre un aprendiz al lado. Enseñar es un deber entre generaciones: donde no hay aprendices, hay parados. Enseñar, aprender y trabajar es lo mismo. O entran las empresas en la educación o entra el paro. Las universidades públicas deben imitar a las privadas y, en vez de dar títulos y olvidarse de sus titulados, tienen que tutelarlos hasta su primer empleo. Porque el Inem hoy es sólo una ventanilla burocrática inoperante. Y costaría poquísimo hacerlo eficiente para que ayudara de verdad a encontrar empleo: cada desesmpleado debe tener un asesor motivado, porque hoy el parado es el principal cliente de la Administración

Preguntado por los Miniempleos, opina que son mejores que el paro siempre que ninguno acabe convertido en el empleo para siempre de nadie. Los Miniempleos servirían como trabajos de transición en un mercado laboral fluido. Y si no hay miniempleos, pues tiene que haber empleos subvencionados... Mejor subvencionar el empleo que subvencionar el paro. Por eso es urgente una garantía de activación para cada parado en España. Que elijan: o volver a formarse o volver a usar un servicio de empleo reformado y eficiente. Ningún desempleado puede permitirse estar parado. Ningún país puede aceptarlo, destaca.

Y para concluir, señala que el modelo a seguir es el austriaco, porque nació del acuerdo entre patronal y sindicatos. Las empresas depositan un tanto del salario en un fondo que cada empleado se lleva consigo cuando cambia de empresa: así tiene movilidad sin perder derechos. Y, antes de cobrarlo al jubilarse, también puede invertir todo o parte de ese fondo personal en su propia formación. Tengo muchos amigos que aguantan en una empresa que no les gusta por no perder derechos. Si pudieran cambiar de empresa conservándolos, serían más eficientes.

Un último asunto que le preocupa y que investigan desde su Instituto es ver cómo la UE puede llegar a ejercer las competencias del desempleo juvenil con los subsidios. En España costaría 20.000 millones de euros anuales: sería acelerar el mercado laboral europeo. Mejor trabajo en Bonn que paro en España, dice. Pero la meta es que Europa permita elegir.