lunes, 31 de diciembre de 2012

El valor de la experiencia


Erase una vez un joven ingeniero de una empresa de ingeniería que trabajaba en un proyecto de una nueva planta de proceso de una empresa petroquímica. Tenía que diseñar  y calcular el tipo y capacidad de un intercambiador de calor en una torre de destilación. Y, orgullosamente, presentaba su resultado a un ingeniero mayor de la empresa cliente.

A este ingeniero le parecía la solución del joven ingeniero un poco “rara”. Y le dijo “esto no puede ser correcto”. El ingeniero mayor tenía años de experiencia sobre las espaldas y había visto multitud de intercambiadores de calor en múltiples aplicaciones y condiciones, y para una variedad de procesos y productos. Lo que había diseñado el joven ingeniero se salía de sus esquemas almacenados en la memoria de su cerebro. El joven ingeniero contestó que había hecho los cálculos con el ordenador y usando el programa de cálculo  adecuado, y que por lo tanto el resultado debía ser correcto.

Sin embargo el ingeniero mayor, al investigar los datos y la información que el joven ingeniero había utilizado como “inputs” al programa de cálculo, veía que algo no encajaba con “las buenas prácticas” de la ingeniería. Es que para introducir la información en el ordenador necesitaba saber algunas cosas que no le habían enseñado en el aula de la universidad y que solo la experiencia práctica te puede enseñar.

Este cuento es algo que realmente ha pasado, aunque no exactamente como está escrito. Su moraleja: Las tecnologías de la información son herramientas muy potentes pero no pueden sustituir a los conocimientos adquiridos por la experiencia. La herramienta no se equivoca, el que se equivoca es el usuario. Y por esto es importante que los jóvenes titulados practiquen, y que los menos jóvenes sigan formándose y sigan “experimentando” para aumentar su experiencia. Porque la experiencia se adquiere por el experimento.

¡Feliz año 2013!

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