lunes, 15 de octubre de 2012

¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de la crisis en Europa? (y II)

Volviendo a la crisis de las subprimes en 2008. ¿Qué tipo de actores han hecho algo en Europa?
 
Alemania fue el único país que hizo algo, algo que ya había hecho antes Gerhard Schröder, el canciller que en 2003 fue derrotado posteriormente en las elecciones. Todos los demás países, sin embargo, no encontraron otra solución más que la de endeudarse para evitar una crisis como la 1929. Esta crisis de origen financiero ha dado lugar a una crisis monetaria, que a su vez ha producido una crisis económica con la desaparición de desarrollo y crecimiento. Solo falta ya una crisis social, que ciertamente se inició con indignación, pero no con acción. En la Primavera Árabe, por ejemplo, hubo indignación masiva de la juventud, pero los resultados políticos han sido lo contrario a lo que aquélla pretendía. No hay acción posible todavía, en el sentir de Touraine. Hay una subjetividad fuerte que penaliza la acción, iniciativas de tipo intelectual pero no social. No hay posibilidades de acción social como hubo en los últimos 5 siglos, pero a la vez hay una razón seria para pensar que contra un adversario global hay que apoyarse en un sentido ético. Hay que movilizar principios éticos universales por la defensa de los derechos.
 
Pero no basta con estar preocupados por la manera de formular los problemas, hay que cambiar la manera para encontrar una solución eficiente. Si no se crean nuevos actores, si no somos capaces de crear actores universalistas y éticos, vamos a la catástrofe, vaticina Touraine. E incide en su tesis de que los actores principales de la sociedad serán a partir de ahora las mujeres, porque defienden una visión despolarizada y reintegrada de la sociedad. Los hombres, afirma, tienen mucho poder y muchos privilegios. Hasta ahora ha sido el período de los hombres, pero ahora el mundo será el opuesto. Reconstruido. Las mujeres han conquistado la palabra, hablan de lo serio, hablan de la vinculación entre los intereses individuales y los colectivos. Si las mujeres no llenan este vacío actual, no existe fácil solución. El único camino es la creación de actores, previo cambio de las reglas. Porque la igualdad de derechos fue la primera etapa, nos recuerda, y ahora no se trata de eso (aunque falte mucho aún), sino de construir para todos desde la visión femenina. No solo razón sino también emociones. (Hay que precisar que los elementos indispensables son los actores femeninos, pero no solo mujeres, sino también hombres que entiendan el significado femenino).
Llegado finalmente el turno del debate, y preguntado respecto a los jóvenes, Alain Touraine no cree tan fácil que sean ellos los nuevos actores sociales. La juventud culta, con educación superior en Europa y Norteamérica, y con educación secundaria en el mundo en desarrollo, está más sensibilizada con resultados inmediatos, y hay una cierta manipulación de la demanda de estos jóvenes por parte del poder económico. Quizá el segmento de edad comprendido entre los 25-40 años, después de la formación, sea el tipo de gente capaz de transformar una experiencia personal. Las categorías más potencialmente activas no son las de más baja categoría social, sino las que están fuera de este proceso de desindustrialización y tecnificación.
Para terminar, al ser interrogado por la situación actual, Touraine responde que lo más honesto es decir lo siguiente: la posibilidad de hacer algo es muy inferior a la posibilidad de no hacer nada. La conclusión catastrófica es más posible, pero la creación de actores éticos es el único camino, insiste. Y no hay actores posibles sin un cambio de las reglas. Es el momento de los dirigentes europeos. En el terreno económico el Banco Central Europeo debe ser como el Banco de Inglaterra, y en el terreno político muestra su simpatía por personajes como Draghi y Monti, que han realizado una transformación enorme, en su opinión. Si un país como Italia ha sido capaz de recuperarse, esa será también la salida para España. El precio a pagar es altísimo, constata, pero los italianos y los españoles –el corazón del mundo europeo en crisis- han hecho ya bastante. Más le preocupan a Touraine sus compatriotas franceses, porque tienen orgullo y son lentos... En cualquier caso, concluye, el coste será muy alto para Europa. Nos esperan diez años duros, pero hay que tener conciencia fuerte y visión dramática de la necesidad de hacer algo.

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