lunes, 15 de octubre de 2012

¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de la crisis en Europa? (I)

Hace unos días la directora de la Fundación Novia Salcedo (NSF) y varios miembros de su equipo de Investigación Social tuvimos el privilegio de asistir a una conferencia del sociólogo y economista francés, Alain Touraine*. Ikerbasque organizó la velada en la sala de conferencias del Museo Guggenheim de Bilbao, de cuya presentación se ocupó uno de los buenos amigos de NSF, el filósofo Daniel Innerarity.
 
El tema era realmente atractivo por su actualidad. ¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de las crisis en Europa? Alain Touraine dejó clara su postura. Cree firmemente que los actores principales serán a partir de ahora las mujeres, porque defienden una visión despolarizada e integradora de la sociedad. Una sociedad basada en principios éticos universales: igualdad, solidaridad y libertad. Cuerpo y espíritu.
Pero vamos a explicar con detalle el desarrollo de la conferencia, porque Touraine piensa que la crisis no está bien explicada.
Su exposición comienza señalando que estamos acostumbrados a vivir en sociedades históricas que se definen por su capacidad de transformarse, de crear cambios constantes en nuestros sistemas sociales que no son sino vínculos entre recursos, valores, normas e instituciones. Cambios que modifican la experiencia individual y colectiva. El llamado movimiento historicista considera toda la realidad como producto del devenir histórico. Porque el carácter dinámico de las sociedades destaca la importancia de la dimensión histórica y ahora estamos viviendo la transformación más rápida de los tiempos modernos. Ahora constatamos por primera vez en nuestra historia un fenómeno increíble: la mayor parte de los recursos capitales disponibles no son utilizados para iniciativas económicas.
Ya hubo movimientos especulativos en otros momentos de la historia (la construcción de los canales de Suez y Panamá fueron un ejemplo de especulación global), pero nunca la mayoría de los capitales se habían utilizado para un fin no productivo como en la actualidad. Por primera vez el uso de los capitales no puede ser controlado por nadie, ni nacional, ni internacional, ni de centros de decisiones financieras ni políticas; porque la mayor parte de los recursos financieros no son para iniciativas de uso productivo. Esta es una situación de enorme trascendencia. El mundo de las finanzas está integrado globalmente pero no hay un gobierno mundial. Ninguna institución puede decir sí o no, y, entretanto, los capitales han dado diez vueltas al mundo. El capital ya no tiene que ver con consideraciones morales, el dinero no tiene ya nada que ver con los recursos culturales y los valores. Esto es una ruptura. ¿Qué pasa, entonces, si no hay comunicación entre recursos materiales y valores culturales?, pues que no hay más vida social. La afirmación de Alain Touraine es contundente. No hay un poder mundial, no hay más sociedad. Porque las categorías sociales están ya vacías: la ciudad, la democracia, la escuela… La democracia, por ejemplo, ya carece de sentido esta palabra, hay que cambiarla. Y es que en el mundo hay muchas complejidades, todas las instituciones son indispensables, pero confusas… Nadie sabe a qué atenerse.
Llegado a este punto, Touraine plantea la siguiente hipótesis de trabajo.
Lo que vivimos no es una crisis económica, es el fin de las sociedades. Ya no hay más. Estamos viviendo en un mundo deshecho, de ruina de las sociedades. Somos conscientes de que lo que seguimos diciendo a diario no tiene sentido. Ya no hay más actores sociales. Hay un proceso de debilitamiento de éstos, y el caso más destacable es el de la empresa. Durante siglos hemos vivido la empresa como un grupo humano con ciertas funciones. Un grupo humano que fue el actor central de moda hace 40 años, pero ahora está dominado por otro concepto: el mercado. Y el mercado no es una unidad social. En la actualidad, ha disminuido la importancia de muchos actores: los sindicatos en Europa no tienen la importancia que tenían en el mundo industrial, tampoco la tienen en China. De igual forma ha disminuido la importancia de los partidos políticos, de la democracia representativa. Son por el contrario la democracia participativa y la democracia deliberativa las que se defienden en muchas partes del mundo.
Entonces, ¿quién puede crear algo social nuevo? Seguramente no los actores sociales, en opinión de Touraine. Porque hay actores, efectivamente, pero no son actores sociales. Un dictador puede cambiar la economía de su país, es un actor real pero no social (su poder no está basado en leyes, procesos, etc…) Los actores no sociales son un conjunto de poderes no legales: la violencia, el crimen, el chantaje, la violación de los derechos humanos o de las personas son varios ejemplos. Hay actores que no son ni actores sociales, ni dictadores, ni narcotraficantes, pero no son actores éticos que transforman principios éticos en programas de acción o iniciativas políticas. Y esa es la clave. En Europa hemos sido pioneros en la idea de los derechos humanos universales. Ahí está la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la ONU en 1948. Y tenemos la hipótesis de que hay una solución posible, que sería la de un mundo organizado alrededor de un centro social. Porque hemos caído en la cuenta de que somos capaces de destruirnos (bomba atómica, totalitarismos, emisiones de gases…) y de que vivimos de una manera no social. Hay un riesgo vital orgánico de muerte de toda la humanidad. Estamos jugando con nuestra vida y nuestros derechos, a partir de la ignorancia que significa la desaparición de los actores sociales. Como escribió Hannah Arendt, el ser humano tiene el derecho de tener derechos. Los derechos, en consecuencia, deben estar por encima de las leyes, lo ético debe estar por encima de lo social.
*Alain Touraine es uno de los más influyentes sociólogos e intelectuales contemporáneos, autor de varias decenas de libros traducidos a numerosas lenguas y, en particular, creador del concepto “sociedad postindustrial” con su libro del mismo título de 1969. Siempre vinculado a la prestigiosa École des Hautes Études en Sciences Sociales, uno de sus principales intereses en su carrera han sido los movimientos sociales, desde Latinoamérica y Polonia hasta Mayo del 68 Francés. Fue galardonado en 2010 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades junto a Zygmunt Bauman.

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