miércoles, 5 de septiembre de 2012

La razón de los milagros económicos


Bajo este título se encuadra el tercer capítulo de “El paradigma de las interacciones” de Josep Burcet que ya vimos en esta entrada, y cuyo contenido me trae ciertos ecos de la actualidad económico-social que atravesamos.

Burcet parte de la hipótesis de que “cuando en una población predomina la sensación generalizada de poder ir a más se producen crecimientos económicos que por su intensidad parecen milagrosos”, centrando el poder de las derivas económicas más en hechos analizables por la Psicología Social que en base a recetas prescritas por las ideologías políticas o las teorías económicas. 

De hecho, meses atrás, Documentos TV emitió el documental “El poder del dinero” donde Investigadores de la Universidad de Stanford demuestran como las decisiones económicas tienen poco de racional y mucho de emocional, que pueden ver aquí.

Pero volviendo al texto de Burcet, este autor nos muestra como los tres mayores milagros económicos registrados en los últimos 80 años (la Alemania de los 30 y los 50 y el caso chino) depende de estados colectivos de” poder ir a más”. Echémosles un vistazo en detalle:



Alemania años 30

A principios de los años 30, la economía alemana estaba muy mal parada como consecuencia de tres condicionantes encadenados: las gravosas condiciones que se le impuso al fin de la I Guerra Mundial (obviamente sumado a la devastación fruto de 5 años de guerra), la hiperinflación que les siguió en los años 20 y finalmente el crack del 29 que en pocos meses llevó a la quiebra a muchas empresas, alcanzando Alemania la cifra de 6 millones de parados.

Este escenario económico alimenta el caldo de cultivo (entre otros factores) de la aparición del nazismo y la llegada de Hitler al poder en el 33.

En los 6 años posteriores (33-39) la economía alemana desarrolló una tremenda máquina de guerra con el respaldo de una industria potente y eficiente, mientras que en conjunto la economía, la innovación y la tecnología se desplegaron con un gran vigor. Para Burcet uno de los factores clave en este proceso fue el impulso que el nazismo impregnó a la población sobre su capacidad de hacerlo, aunque obviamente nos recuerda se trataba “de una receta envenenada que llevaría al país a la devastación al cabo de unos años”.

La propaganda nazi creó la ilusión de superioridad del pueblo alemán. Recuperando este su autoestima se sintió ganador y entró en un estado de revigorización psíquica colectiva y renovación vital, sin embargo la revigorización únicamente se fundamentaba en en meras apariencias fabricadas por la maquinaria de la propaganda. En esto Burcet encuentra una analogía con la formación de las burbujas económicas: “la gente cree que se está enriqueciendo, se lanza y está eufórica cuando en realidad está cavando una tumba”. ¿Nos suena? 


Alemania años 50

La situación de la que parte Alemania en los 50, no difiere mucho de la anterior: “fábricas e infraestructuras destruidas o dañadas a lo largo y ancho del territorio, unas directrices de los vencedores para limitar la producción industrial, un déficit de 4 millones de viviendas, diez millones de desplazados de los territorios alemanes del este que al final de la guerra pasaron a formar parte de Polonia y la Unión Soviética, dos millones de refugiados procedentes de la República Democrática, que fueron llegando antes de que se alzara el muro de Berlín en 1961, más de un millón de niños atendidos con dinero público, la práctica totalidad de familias diezmadas o destrozadas…”



Imagen de Berlín al final de la II Guerra Mundial


Sin embargo en 1950 (solo cinco años después del fin de la guerra) la economía creció un 25 %. Nos recuerda Burcet que este prodigioso despegue del crecimiento se ha atribuido a las ayudas del Plan Marshall, pero en su opinión no lo corroboran ya que “entre 1948 y 1951 Alemania solo recibió 1.448 millones de dólares de ayuda, mientras que Francia, en el mismo período, recibió 2.296 millones y el Reino Unido 3.297”, convirtiéndose en el líder económico europeo con una de las divisas más fuertes del mundo. 

¿La diferencia fundamental con la Alemania de los años 30? Que esta vez, la sensación de estar ganando estaba mucho más conectada con la realidad. “El efecto euforizante” se sostenía ligado al hecho de la recuperación post-bélica: “las familias se reconstruían, la capacidad de producción se ponía en marcha, se recuperaba el acceso a los bienes de consumo y se albergaba la esperanza verosímil de conquistar nuevas cuotas de prosperidad.”


El caso chino

A pesar de no detenerse excesivamente en el caso Chino Burcet nos señala dos datos paradigmáticos: Durante 23 años consecutivos China ha estado creciendo con tasas anuales situadas alrededor del 10 %, lo que ha producido que millones de personas se han visto espoleadas por la posibilidad de real de ir a más y han tenido la oportunidad de ir lográndolo. (Aunque muchos de las y los lectores de este Blog apuntarán que la población campesina china ha quedado apartada de las posibilidades de progreso)

           
  Shanghai en la actualidad


Los casos analizados por Burcet muestran que el factor crecimiento está íntimamente relacionado con el estado psíquico de la población y con la satisfacción de su necesidad de ganar. 

Obviamente la cruz de esta moneda es que “cuando la mayor parte de la población tiene la impresión de que no va a poder satisfacer su necesidad de ganar, el tono vital colectivo disminuye y entonces la economía fácilmente se estanca o entra en recesión”. Ver las encuestas de confianza recientes, asustan: caídas continuadas desde el comienzo de la crisis.
Nadie puede negar que en la actualidad el tono colectivo en nuestro entorno no es el más idóneo para encarar los retos que nos enfrentan como sociedad.

Para Burcet el camino del futuro europeo pasa por asumir cambios estructurales a nivel económico, por supuesto, pero especialmente con las estructuras institucionales y culturales europeas. “La potenciación de esta plasticidad (institucional y cultural) es la verdadera y única respuesta para desencallar la economía europea y para devolver a sus ciudadanos su bien más valioso de todos: la ilusión creíble de poder ir a más”.

Desde el Ícaro Think Tank apostamos por la reconstrucción de la confianza desde el proyecto cooperativo. Cooperación como equilibrio entre la confianza y la competitividad, entre la productividad y la innovación, caminando hacia una sociedad de modelo ganar-ganar.

3 comentarios:

  1. En los años 50-60 después de la II Guerra Mundial circuló el dicho "Para tener éxito hay que perder una guerra" (o algo así) en alusión al Plan Marshall. Con la reunificación de Alemania y la caída del Muro de Berlín, no hubo un Plan Marshall, y sin embargo a pesar del lastre de la pobre Alemania Oriental, creció por encima de los demás países europeos. Gracias al espíritu de cooperación del Oeste y el Este del país, pero por los alemanes que yo he conocido personalmente, también y sobre todo por su rigor, sentido del orden, y carácter trabajador, que no quitó a su buen humor y hospitalidad.El alemán no suele vivir "de la cara". Ya hacen 50 años que cayó el Muro "de la vergüenza". Ver:
    http://marismeno.blogspot.com.es/2011/08/hace-50-anos-se-inicio-la-construccion.html

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  2. Perdón por el lapsus: Hace 50 años que se construyó el muro...

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  3. Un artículo muy interesante con ciertos vínculos http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/10/actualidad/1347299292_052957.html

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