jueves, 12 de julio de 2012

Los mandamientos de un emprendedor social


“Una idea y mucho esfuerzo”, el mismo bagaje que muchos de los emprendedores que montan su propio negocio y una vocación religiosa como peculiaridad añadida. Así comenzó la aventura empresarial del sacerdote Luis de Lezama (Amurrio, 1936) en el Madrid de 1974, según publica hoy el diario Expansión. 
 
La iniciativa surgió para dar empleo y futuro a los 16 jóvenes de un albergue del barrio de Vallecas con los que convivía. Aquel pequeño negocio, la Taberna del Alabardero, es el origen de un grupo empresarial que aglutina hoy en día 20 restaurantes y firmas de catering, 2 hoteles y 3 escuelas de hostelería.

El cura Lezama, como se le conoce popularmente, tenía muchas inquietudes. Ya en 1962, después de ordenarse sacerdote, se licenció en Ciencias de la Información y trabajó en la etapa inicial de la COPE, donde su trabajo fue recompensado con un Premio Ondas en 1972. Su labor emprendedora dio un giro y fundó la Taberna del Alabardero junto a la Plaza de Oriente de Madrid. “Tuve la gran suerte de tener un obispo que me entendía y que no me puso ningún problema”, recuerda Lezama cuando se le pregunta por la dificultad de conciliar su labor pastoral y empresarial.  Aquel obispo era, nada menos, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, del que también fue secretario.

Su carácter emprendedor le llevó a seguir formándose, primero en la Escuela de Hostelería de Lausanne (Suiza) y después en Estados Unidos. Su filosofía empresarial sigue siendo la misma para su grupo -que en la actualidad cuenta con 600 empleados y una facturación de 17 millones de euros-, que para aquel pequeño negocio que inició: “lo fundamental es el capital humano”, asegura Lezama. Otro de los rasgos del grupo es la promoción interna, que convierte en directivos a los que han crecido conociendo las entrañas del negocio. Sin embargo no todo fueron éxitos, también hubo algún fracaso, pero eso no dejó de motivarle para continuar. 

Aunque sigue vinculado a su grupo empresarial, que ha quedado en manos de la Fundación Iruaritz, Luis de Lezama retoma la actividad eclesiástica en 2004. Actualmente, desarrolla su labor pastoral como párroco de Santa María la Blanca en Madrid. Volver a ponerse el alzacuellos no ha frenado su carácter emprendedor, sin embargo, y ha puesto en marcha un Colegio en el que sigue innovando. “Tenemos un acuerdo con Microsoft y somos el único centro en España que tiene su sistema en la nube. Hasta el móvil es una herramienta para educar”, destaca.

El fundador del Grupo Lezama recomienda a los emprendedores “abrir los ojos a la necesidad de transformar, hay que cambiar”, dice. Y añade “al poder político, social y eclesiástico no le gusta la innovación. Los innovadores somos vistos como demonios,  ya que el carácter innovador supone entrar en conflicto". Recomienda por último Luis de Lezama “aprender a trabajar en equipo”. 

NOTA: Luis de Lezama forma parte del Jurado del Premio Internacional Novia Salcedo a la excelencia en la integración profesional de los jóvenes.

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