lunes, 25 de junio de 2012

Cooperar creativamente para transformar


Cada día que pasa sentimos que estamos abocados a un cambio sustancial en los modos de relación en la sociedad y en los colectivos humanos de todas las dimensiones: empresas, instituciones, colectivos sociales y familias. Pero no es fácil pasar de esta sensación de necesidad real a la acción, porque nos faltan los hábitos personales y los mecanismos sociales, institucionales, empresariales y políticos, básicos de la cooperación. Nuestra manera de convivir se ha basado más en la individualización de las necesidades que en la socialización de las mismas y por ello estos mecanismos personales no están interiorizados ni expresados en comportamientos sociales de cooperación reconocidos. Esto es tan así, que cuando la prensa expone un proceso intensivo en cooperación se considera noticia, es decir lo extraordinario frente a lo ordinario que son las ganancias y logros individuales de países, personas o empresas.

La complejidad creciente y las relaciones se han abordado a través de la fragmentación del divide y vencerás, de lo mío qué, y del sentido de competición permanente con el más próximo, y ahora con el lejano. No han importado mucho los costes generados en el otro si los beneficios personales son cuantiosos, y hemos hecho cierto eso de que los máximos locales no se corresponden con máximos globales. La crisis nos está haciendo ver cómo la fragmentación mental de los intereses particulares conduce a pesar de la globalización, como culto a la economía de escala mundial, a resultados paralizantes y de pobreza colectiva.

La cooperación como solución, tiene también perfiles e interpretaciones que merecen matizaciones para un buen entendimiento de su potencial. La cooperación al desarrollo es una forma de entender la cooperación como una relación asimétrica de la cooperación en el sentido de una transferencia de recursos que permiten abordar problemas críticos de sociedades con carencias básicas. La cooperación en régimen de intercambios de recursos y capacidades complementarias, es otra forma de obtener ventajas cruzadas a través de resolver carencias complementarias. Esta forma de cooperación es muy evidente y se remite a transacciones de carácter empresarial o individual, en las que los intercambios de valor son evidentes. Hablamos de la cooperación para compartir lo existente o para intercambiar con sentido bienes o servicios. Es una segunda interpretación.

Hasta aquí la cooperación es natural y se basa en una eficiencia externa, de recursos, y no requiere de mayores espacios de confianza y aprendizaje personal y social. Tal vez abusamos del término colaboración cuando nos referimos a los acuerdos de prestación de servicios o venta de recursos. Pero esto ya no nos basta. Necesitamos abordar una cooperación creativa en la búsqueda de innovaciones sociales que representen nuevos modos de relación en un espacio de mayor desarrollo de intangibles sociales, esos que superan y sustituyen en muchos casos a los recursos económicos en la escala de valores que viven las personas.

La cooperación para transformar se sustenta en una distinta escala de principios que la cooperación para compartir o intercambiar recursos. La primera se fundamenta en la resolución creativa de intereses mientras la segunda en la balanza económica del valor de las cosas y las necesidades inmediatas. La cooperación para transformar, es la vía del cambio que nos espera. Cambio en la escala de comprensión de lo que es valor social y cambios en los modos de relación individual y colectiva. El capital social es mucho más que los recursos económicos e irá en aras de la sostenibilidad, como eje conductor, asociando otros activos sociales como el bienestar, el conocimiento, la cultura, el medio ambiente, y la confianza, como activos redescubiertos que poner en común, y sobre los que transformar los mecanismos de conducta y creación. Pero además del surgimiento de los nuevos fines y valores, consistentes en crear y reproducir esos seis capitales sociales como orientación de los principios políticos, aparecerán otros modos de relación individual a través del entrenamiento en lo cooperativo. Y este entrenamiento en la conservación y crecimiento de estos nuevos recursos será el eje conductor de la educación infantil en lo relacional con el entorno y los individuos.

La cooperación debe progresar desde el compartir al cocrear espacios nuevos, donde los fines económicos vigentes se superen, al introducir nuevos activos y valores sociales, hoy muy ocultos, y donde la educación en la creatividad y en la cooperación sean las herramientas con las que se educa a los individuos y se organiza el progreso.

Juan José Goñi, Icaro Think Tank de Novia Salcedo Fundación

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