viernes, 4 de mayo de 2012

Economía del bien común. Un modelo de economía con futuro


Texto redactado a partir de notas tomadas por Carmen Echevarría en la conferencia pronunciada en la Facultad de Ciencias Económicas de Sarriko por el profesor Christian Felber.

Christian Felber (Salzburgo, 1972) cuando entró en la universidad quería adquirir un conocimiento “universal”, por eso estudió varias disciplinas como ciencias políticas, psicología, sociología o filología románica, especializándose en divulgar materias de economía sostenible y alternativas para los mercados financieros. Siendo miembro fundador del movimiento global “Attac” en Austria e iniciador de la denominada “Banca Democrática”, es también bailarín y escritor, además de profesor de economía desde 2008 en la Universidad de Viena. 

Con este currículo no es de extrañar su inquietud por un modelo económico alternativo que le ha llevado a trabajar los valores de la eficacia, eficiencia, rendimiento, éxito, beneficio, etc… Después de analizarlos surgió la publicación de un libro sobre otros nuevos valores, lo que llevó a 15 empresarios austriacos a un acercamiento a sus ideas sintiendo que el modelo económico actual no les satisfacía porque no contemplaba la ética. Aristóteles ya decía que “una economía que sólo aspira al beneficio financiero es antinatural”. Y la Fundación Bertelsmann, en una encuesta promovida en Alemania y Austria con la pregunta: ¿desea usted un nuevo orden económico? concluyó que un 80% de los encuestados en Alemania y un 90% de los encuestados en Austria respondieron que sí, que deseaban un nuevo orden económico.

Partiendo de estas inquietudes, ese núcleo de 15 empresarios junto con el profesor Felber desarrolló el modelo denominado “Economía del Bien Común”, que se basa en el ser humano como centro de la actividad económica y la práctica democrática en la economía real. El objetivo de este modelo es adaptar la economía real capitalista, en la que priman valores como el afán de lucro y la competencia, a los principios constitucionales recogidos -entre otras- en la Constitución de Baviera en su artículo 151: Toda actividad económica sirve al bien común.

La Economía del Bien Común se debe regir, según Felber, por una serie de principios básicos que representan valores humanos como: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y compasión. Porque la ciencia ha comprobado que las buenas relaciones hacen más feliz al ser humano y le motiva más que los vicios negativos que están fomentados por el orden económico actual. En este modelo se trata de que las empresas que se guían por estos principios y valores obtengan ventajas legales que les permitan sobrevivir a los valores del lucro y la competencia actuales. Por ésto hay que buscar un orden legal que permita vivir de los valores y el espíritu de las Constituciones, y sustituir la competencia por la cooperación y el ánimo de lucro por la contribución al bien común. 

Adam Smith consideró hace más de 200 años que la libre competencia era el método más eficaz de la economía (afirmando que las contradicciones engendradas por las leyes del mercado serían corregidas por lo que él denominó “la mano invisible” del sistema). Sin embargo, de un total de 380 estudios evaluados en la actualidad, el 87% afirma que la competencia NO es el medio más idóneo en la economía. La competencia genera miedo, mientras que el objetivo de la cooperación es alcanzar una meta igual.
Porque en la economía real actual, el éxito económico se mide con indicadores monetarios como el Producto Interior Bruto en el nivel macroeconómico, y el Beneficio financiero en el nivel microeconómico. Indicadores que dejan fuera a los seres humanos y al medio en el que vivimos. Estos indicadores no nos dicen nada sobre si hay guerra, se vive en una dictadura o destruimos el medio ambiente. Tampoco el beneficio de una empresa nos indica nada acerca de las condiciones de sus trabajadores, lo que se produce o cómo se produce.

El éxito no debe ser un indicador monetario. Medir los medios no es fiable, es el fin lo que hay que medir. Son las necesidades satisfechas lo que lleva al bien común y por tanto deberían ser el fin o la meta de la economía. En Bután, por ejemplo, se mide el estado de la felicidad de los ciudadanos: cómo les va a sus hijos, si cuentan con sus vecinos, si tienen tiempo para meditar… en definitiva, la satisfacción y la calidad de vida, parámetros que acercan a medir la felicidad. Éste debería ser el indicador a nivel macro: el bien común. Y en el nivel micro, el llamado “balance del bien común” (BBC) sería el indicador de medida. Cómo una empresa vive: la dignidad humana, la solidaridad, la sostenibilidad, la justicia social, la participación democrática y la transparencia. Todos estos valores están recogidos en las constituciones europeas, luego no deberían resultar ajenos a la vida en la empresa.

La evaluación de esos valores podría permitir, en definitiva, al consumidor escoger los productos más adecuados a sus intereses, y a las empresas ver recompensado su BBC con más ventajas legales. 


2 comentarios:

  1. me gustaria que hubiera una sociedad construida con valores humanos y que esto incidiera en una buena calidad de vida para el pueblo y que parte de esa riqueza que genera el pueblo se dedicara a mantener esa calidad de vida y avanzar en una vida mejor para todos,esto no es una autopia si los sinverguenzas que manipulan y dominan el pais no se llevaran la riqueza del pueblo.

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  2. http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120710/54322329143/la-contra-christian-felberg.html

    última entrevista a Chistian Felberg aparecida en prensa

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