viernes, 19 de agosto de 2011

La desigualdad económica y social impide salir de la crisis

El número de pobres aumenta y el número de ricos también. La clase media se está mermando. Es lo que pasa en los EEUU… ¿y en Europa? “Struck in the middle” es el título de un artículo de Rana Foroohar en TIME del 15 de agosto, con un "Informe Especial: Lecciones de la Debacle de la Deuda" (de EEUU). Es difícil de traducir exactamente en tan pocas palabras en español. Mejor tomar el subtítulo “Without a growing middle class, there’s no growth” (“Sin una clase media creciente, no hay crecimiento”). Rana Foroohar es BA en literatura inglesa por la Universidad de Columbia, es directora adjunta de redacción de TIME, tiene un excelente currículum como periodista y reportera, ha sido premiada con el Premio Peter Weitz de la Fundación Marshall alemana, y es miembro del Council on Foreign Relations (CFR), un “think tank” estadounidense independiente y apolítico, cuya misión es informar al gobierno de los EEUU y otros, empresarios, periodistas, educadores y estudiantes. También es colaboradora con el Foro Económico Mundial.

Rana Foroohar dice que el 1% de los estadounidenses acopa alrededor del 20% de los ingresos totales, un valor cerca del que hubo en le “época dorada” de los EEUU en el siglo XIX. En 1970 tenían tan solo el 8%. El resto de los americanos no han visto un aumento en cerca de cuatro décadas. “La brecha de bienestar entre blancos y negros es ahora un abismo. De acuerdo con un estudio de Pew, el bienestar medio de los hogares blancos es ahora 20 veces el de los hogares negros, lo que hace que la brecha es casi dos veces que en la época de la Gran Recesión”, cita Rana Foroohar. Y añade que la crisis financiera ha agravado el problema, porque ha dado lugar a una crisis de la vivienda de la clase media mientras que los que tienen salarios altos mantienen su seguridad y quedan al margen del problema. Rana Foroohar vaticina que el acuerdo (entre Demócratas y Republicanos) sobre la reducción de la deuda de los EEUU aumentará esta brecha, y quizás de forma dramática. Continúa diciendo que “los detalles del acuerdo favorecen a los ricos, dado que los que viven bien se escapan de los nuevos impuestos, y los pobres reciben el hacha del gasto en su espalda en la forma de la reducción de subsidios del paro, eliminación de empleos del sector público, y la falta de aumento de gasto en programas que puedan reforzar el empleo o ayudar a reformar a los trabajadores.” Rana Foroohar cita al economista de Harvard Kenneth Rogoff: “Es difícil reducir el tamaño del gobierno ahora mismo, sin exacerbar la desigualdad”.
Hagamos un pequeño cálculo hipotético: con la mitad del sueldo de un solo alto directivo que gana 1,2 millones de euros al año, se podría dar trabajo a 50 jóvenes mileuristas. 10 Ricos, con aceptar ser un poco menos ricos, darían trabajo a 500, 100 a 5000. Y al alto directivo le quedarían todavía 600.000 euros, con los que puede seguir viviendo muy muy bien. Los ricos tienen sus necesidades más que cubiertas y sus mayores gastos no son precisamente los bienes de primera necesidad sino un chalet lujoso y por lo menos otro para vacaciones, coches de alta gama, un yate de unos cuantos metros de eslora, quizás un jet privado, una colección de joyas de oro y diamantes, alojarse en hoteles de 5 estrellas como mínimo, etc. La mayor parte de la industria vive de la producción y venta de bienes de necesidad (alimentación, vestimenta, mobiliario, utensilios, sanidad e higiene, etc.) no de la producción de objetos de lujo. Por lo que si procuramos que los pobres adquieran más poder adquisitivo, favorecería a la economía. Mantener o aumentar los salarios de los ricos no favorece el crecimiento (salvo si reinviertan gran parte en un sistema productivo que crea empleo). Rana Foroohar tiene razón cuando dice que para salir de la crisis hay que aumentar la clase media, y no la clase rica. Una amplia clase media cualificada es la que mantiene en vida la industria.

“Exacerbar la desigualdad”, como dice Ken Rogoff, tiene como consecuencias que crece el número de “indignados” y puede llegar a situaciones extremas como los disturbios de Londres y de otras ciudades británicas. A esto dedica TIME gran parte de su número siguiente, del 22 de agosto, que da a su portada el título fatalista “The Decline and Fall of Europe” (El declive y la caída de Europa) en el que demuestra que el problema es tanto o más de Europa que de los EEUU. En este número Rana Foroohar escribe otro artículo estelar: El Fin de Europa – Su unión económica se está desenmarañando, Londres está en llamas, y su socio comercial del que dependía el continente, los EEUU, es demasiado débil para salvar el día o el euro. Di adiós al viejo orden.” Cita de nuevo a Kenneth Rogoff: “Europa está a punto de estallar. Ya no es cuestión de permanecer quietos ni de esperar a que los EEUU vayan a poner en marcha la economía. Tendrán que arreglar las cosas en su casa.”

En este mismo número de TIME, de Nathan Thornburgh, periodista free lance, escribe un artículo sobre los disturbios de Londres. Dice que “En algún sitio detrás de esta aparente anarquía están los verdaderos descontentos de Britania.” Y cita el coeficiente Gini de varios países obtenido a partir de las bases de datos de la OCDE sobre la distribución salarial y la pobreza. El Coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini, que se usa normalmente para medir la desigualdad de los ingresos. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno).  Por lo tanto, cuanto mayor es el coeficiente, mayor es la desigualdad. Los peores en Europa son, en este orden: Portugal, Reino Unido, Italia, Grecia, y España. Entre los mejores, naturalmente Suecia, que ocupa siempre los mejores puestos en todos los rankings. Nathan Thornburgh dice que según la OCDE el Reino Unido tiene la peor movilidad social de las naciones desarrolladas: “los que han nacido en una determinada clase tienen tendencia a permanecer en ella.” Y dice también que los EEUU es otro país desarrollado con una gran subclase inmóvil parecida, y que poco se ha hecho en los años recientes para cambiar la situación. Cuenta que el desempleo de los jóvenes ha crecido fuertemente en los últimos tres años y ha alcanzado los niveles de los desempleados en los países árabes que han sido testigos de las revoluciones de los jóvenes este año. Nathan Thornburgh cita a un psicólogo social de la Universidad de Liverpool, Clifford Stott, quien define los disturbios como “una lucha de clases”.

Dice Rana Foroohar que la situación en la que estamos “es lo que ocurre después de una profunda crisis financiera que requiere el rescate de estados asediados, que se han quedado sin los pocos recursos y herramientas necesarias para hacer frente a un entorno estancado con un alto grado de desempleo, común a políticas populistas, una inestabilidad social y una violencia de la especie de la que solo hemos visto el principio en las calles de Atenas y de Londres.”

Si no tomamos las cosas más en serio, ¿no estaremos preparando una nueva revolución de los proletarios? Tengamos muy en cuenta el clamor de los “indignados” para no llegar a esto. Es bueno recordarlo hoy, en este Día Humanitario Mundial, que las Naciones Unidas han establecido para aumentar la conciencia de las necesidades humanitarias en todo el mundo, y de la asistencia humanitaria, que empieza en nuestra propia casa. “Que aquellos que honramos hoy nos inspiren para comenzar nuestro propio camino para hacer del mundo un lugar mejor y reunir nuestra familia humana más estrechamente.”, dijo en ocasión de este Día Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas. ¿Lo asumirán los líderes políticos, económicos y financieros?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada