lunes, 29 de agosto de 2011

El principal fundamento de la educación

“Este verano he leído un libro delicioso que recomiendo”, nos dijo Begoña Etxebarría, Directora de NoviaSalcedo Fundación –NSF-, a su vuelta de vacaciones. Lo ha leído en los momentos de descanso después de sus paseos en bicicleta por la costa de Las Landas. El libro es de la escritora Natalia Ginzbur, y su título Las pequeñas virtudes” (“Le piccole virtù” en la versión original italiana). Está compuesto de 11 ensayos escritos en lugares y fechas diferentes entre los años 1944 y 1962, y habían sido publicados en periódicos y revistas. Dice la autora que “las fechas son importantes e indicativas, pues explican los cambios de estilo. No he hecho correcciones en casi ninguno de estos escritos, ya que soy incapaz de corregir una obra mía, a no ser en el preciso momento en que la estoy escribiendo; cuando pasa tiempo, ya no puedo corregir.”
Las pequeñas virtudes” es también el título del último ensayo, y si la autora lo eligió como título para el libro, era quizás porque lo consideró como el más importante de los once. Porque en él Natalia Ginzburg habla de lo que considera “el principal fundamento de la educación”. El siguiente fragmento lo aclara:
En relación con la educación de los hijos, pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia respecto al dinero; no la prudencia, sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber. Solemos hacer, sin embargo, lo contrario: nos apresuramos a enseñar el respeto por las pequeñas virtudes, basando en ellas todo nuestro sistema educativo. Elegimos, de este modo, el camino más cómodo; por que las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, antes bien, resguardan de los golpes de la fortuna. Olvidamos enseñarles las grandes virtudes y, no obstante, las amamos, y queremos que nuestros hijos las tengan; pero confiamos en que broten espontáneamente de su ánimo, algún día futuro, considerándolas de naturaleza instintiva, mientras que las otras, las pequeñas, nos parecen el fruto de una reflexión y de un cálculo, y, por eso, pensamos que deben ser absolutamente enseñadas. En realidad, ladiferencia es sólo aparente. También las pequeñas virtudes provienen de lo más profundo de nuestro instinto, de un instinto de defensa; pero en ellas la razón habla, sentencia, diserta, abogado brillante de la incolumidad personal. Las grandes virtudes brotan de un instinto en el que la razón no habla, un instinto al queme sería difícil dar un nombre. Y lo mejor de nosotros está en ese mudo instinto, y no en nuestro instinto de defensa, que argumente, que sentencia, que diserta con la voz de la razón.
La educación no es más que una cierta relación que establecemos entre nosotros y nuestros hijos, un cierto clima en que florecen los sentimientos, los instintos, los pensamientos. Ahora bien, yo creo que un clima todo inspirado en el respeto por las pequeñas virtudes, hace madurar insensiblemente para el cinismo, o para el miedo a vivir. Las pequeñas virtudes, en sí mismas, no tienen nada que ver con el cinismo, ni con el miedo a vivir; pero, todas juntas, y sin las grandes, engendran una atmósfera que lleva a esas consecuencias. No es que las pequeñas virtudes sean, en sí mismas, despreciables, pero su valor es de orden complementario, no sustancial; no pueden estar solas sin las otras, y solas, sin las otras, son un pobre alimento para la naturaleza humana. El modo de ejercitar las pequeñas virtudes, en medida moderada y cuando sea del todo indispensable, el hombre puede encontrarlo en torno a sí y beberlo del aire; porque las pequeñas virtudes son de un orden bastante común y difundido entre los hombres. Pero las grandes virtudes, no se respiran con el aire, y deben ser la sustancia prima de nuestra relación con nuestros hijos, el primer fundamento de la educación. Además, lo grande puede contener a lo pequeño, pero lo pequeño, por ley de naturaleza, no puede en modo alguno contener a lo grande.”
El libro entero se puede descargar aquí, desde la página web de Scribd, pero con la advertencia de que “Este archivo es una copia de seguridad, para compartirlo con un grupo reducido de amigos, por medios privados. Si llega a tus manos debes saber que no deberás colgarlo en webs o redes públicas, ni hacer uso comercial del mismo.” Si nosotros hemos citado un extracto del libro aquí en este blog, es porque lo hemos considerado de un interés general y especial, por coincidir con el ideario de Novia Salcedo Fundación –NSF- reflejado en el título de nuestro blog “Construyendo Capital Humano”. Aconsejamos adquirir el libro, como lo ha hecho Mónica Muñoz, la responsable de Administración y de Servicios de Apoyo de NSF para incorporarlo en la biblioteca de esta Fundación.
El libro, traducido del italiano por Celia Filipetto, se puede comprar online a un precio muy módico, por ejemplo en la Editorial Acantilado que da el siguiente resumen del libro: “A medio camino entre el ensayo y la autobiografía, ‘Las pequeñas virtudes’ reúne once textos de tema diverso que comparten una escritura instintiva, radical, una mirada comprometida llana y conclusivamente humana. La guerra y su mordedura atroz de miedo y pobreza, el recuerdo estremecedor y bellamente sostenido de Cesare Pavese y la experiencia intrincada de ser mujer y madre son algunas de las historias de una historia–personal y colectiva–que Natalia Ginzburg ensambla magistralmente, en estas páginas de turbadora belleza, con una reflexión sagaz siempre atenta al otro, arco vital y testimonio del oficio–vocación irrenunciable, orgánica–de escribir.”




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