domingo, 1 de agosto de 2010

Podemos ser creativos pero no creamos nada nuevo, recreamos lo que ya existe

“En la antigüedad clásica casi todo está escrito ya”, dice Arturo Pérez-Reverte en su ‘Carta a un joven escritor’ (XL Semanal nº 1.188). Lo dijo de otra forma John Fitzgerald Kennedy: "Un hombre puede morir, las naciones pueden nacer y caer, pero una idea siempre perdurará."

Y citando al Quijote Pérez-Reverte aclara: “Busca el autor detrás de cada frase, siente los codazos risueños y cómplices que te da, y comprenderás por qué un texto escrito a principios del siglo XVII sigue siendo tan moderno y universalmente admirado todavía”. Y aconseja al joven después: “sitúate en tu tiempo y tu propia obra…” “No hay nada tan poderoso como una idea cuyo tiempo ha llegado” afirmó Víctor Hugo. Las ideas, ¡qué importante son las ideas! Pero hay que saber ordenarlas para expresarlas, como decía el escritor Robert Stevenson: “Si una persona puede estructurar bien sus ideas, es un buen escritor”


En la misma revista, en el mismo número, Eduard Punset, empieza su columna semanal, “Excusas para no pensar”, con la frase: “Los griegos y romanos habían intuido mucho antes que nosotros que la mente sana es el subproducto de un cuerpo sano, pero no habían podido demostrarlo”. Con los medios científicos y tecnológicos de hoy ha sido posible. “Mens sana in corpore sano” dice el viejo refrán, en esta lengua antigua que se usa todavía hoy en la terminología de las ciencias naturales. Para no ir más lejos, el Homo Sapiens…

No creamos nada de la nada. Ser creativo es ver las cosas, que ya existen, de una forma distinta, aproximándonos a ellas desde la óptica de hoy, en el entorno actual, con los nuevos conocimientos y medios que disponemos, para recrearlas, desarrollarlas, ordenarlas, combinarlas, refrescarlas. Es la esencia de la innovación. Pero para todo esto se necesita curiosidad, observación, reflexión, imaginación. No se consigue manteniéndose en la superficie de las cosas, esta enfermedad moderna.

También cuesta trabajo y paciencia. Mark Twain confesó que tardaba tres semanas para preparar un discurso corto. Hay que ser humilde como Twain.

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