miércoles, 24 de agosto de 2016

Hacia una nueva era en el mundo

Al reflexionar sobre el programa Pegasus coordinado por la Fundación Novia Salcedo cuyo objetivo es el conseguir que las Naciones Unidas declaren “2016-2025 Década del Empleo Juvenil” que está centrada en la creación de empleo justo para los muchos millones de jóvenes sin trabajo, que hay en el mundo, me pregunto asustado  “¿habrá trabajo para todos si no hay mejora en la educación de la juventud?”

Antes de dar respuesta a esta pregunta, me hago otra pregunta, ¿cómo hemos llegado a esto? Miro hacia atrás en el entorno cultural y social en que vivo desde aquel veintinueve del pasado siglo en que nací y veo que  me ha tocado vivir un período de la historia ambivalente. Por una parte, a algunos de los que vivimos en occidente nos ha tocado vivir mucho más y mejor que cuando nacimos. Por otra, no todos en el mundo han tenido nuestra suerte. Es una situación injusta que tiene sus orígenes.
Está el salto que el cerebro humano, siempre en permanente evolución, dio hacia adelante en el siglo XVII cuando desarrolló la “Modernidad”, que abrió las mentes y situó a Dios en su lugar, que era el respetar la autonomía del ser humano para que decidiera y pensara por sí mismo. Y, como consecuencia la humanidad empezó a apoyarse en sí misma desarrollando el estudio de las ciencias, los inventos y su aplicación mediante la tecnología, lo que trajo la industrialización y sus aplicaciones en todas las esferas de la vida. Y así llegamos al buen vivir del que ahora gozamos, duración de vida, sanidad, escuela, comunicaciones, mercados.



Está la otra cara del progreso que ha tenido su coste, ya que se apoyó y se apoya en las ínfimas condiciones de vida y trabajo de muchos a favor de unos pocos y en el inconsciente y terrible atentar contra la madre tierra en forma de deforestaciones, polución de la atmósfera, envenenamiento de ríos, pueblos y civilizaciones masacrados, asolamiento de tierras y explotación de las riquezas de países pobres dejando a sus habitantes en la miseria, lo que sea con tal de ganar más y más dinero.

¿Cómo y por qué la humanidad ha llegado a esta situación ambivalente? Porque nuestro cerebro humano está lastrado por ese “homo depredator”, que todos llevamos dentro heredado del león alfa de la manada que todo lo domina con su zarpa, lo mezcla todo de violencia. Violencia en el interior de cada persona. Violencia en las relaciones entre los seres humanos. Violencia en  la agresión a la naturaleza. Violencia contra la vida.

A esta bifronte situación de la humanidad nos ha llevado y nos lleva el  Neoliberalismo  para el cual el poder está en el dinero y el mercado es elemento eje de toda producción aunque eso suponga que los ricos sean cada vez más ricos, se difumine la clase media y los pobres sean cada vez más pobres. Las riquezas y ventajas están mal repartidas, hay una falta de ética social y política flagrante, una corrupción rampante sin valores humanos. Además, el neoliberalismo tiene  “buena conciencia” ya que la doctrina calvinista, en que se apoya, afirma que el acumular dinero es signo de la protección de Dios, que apoya al que trabaja y con ello gana riqueza.

Convive con esta Modernidad la Postmodernidad que reacciona rompiendo diques: el de la autoridad de los mayores, el peso del entorno familiar, los usos, costumbres establecidas, las normas sociales institucionalizadas, la vivencia religiosa y sus mandamientos. El “Yo” pasa a ser quien impone sus leyes en un mundo líquido en el que nada es firme y los medios de comunicación son los que marcan caminos.  La gente vive despreocupada, lo que vale es el gocemos y vivamos, que luego ¡ya veremos! Y eso en un entorno en el que cada vez hay menos puestos de trabajo en el que la tecnología lo invade todo.

Consencuencia de este abuso por parte  algunos y esta inconsciencia de muchos entremezclados es la actual crisis en que estamos sumidos que me tiene desconcertado y esfuma mi fe en un progreso que yo creía indefinido, porque además escucho voces agoreras  que reaccionan ante este momento terrible que estamos viviendo un último coletazo  de derrumbe de nuestra Era el Neolítico. ¿Será verdad tan desasosegante anuncio? Hay demasiada inconsciencia en esos dueños del dinero capaces de destruir la habitabilidad del planeta para aumentar más y más sus riquezas. Además sobran en el mundo bombas atómicas con fuerza para destruirlo  todo.

Pero no quiero caer en pesimismos. En el universo es larga la sucesión de explosiones, catástrofes y mutaciones que dieron paso a nuevas formas de ser y de existencia. Por ejemplo, el impacto de un gran meteorito sobre el golfo de México supuso la extinción del dominio de los dinosaurios y el paso a otras formas de vida sobre la tierra. ¿No puede ocurrir algo semejante en estos momentos? Quizás una posible muerte de nuestra Era, si es que llega,  pueda ser en realidad un renacer como un ave fénix a otra nueva Era, que no sabemos cómo será, pero que será un paso adelante hacia una vida superior en el planeta en la que todos los humanos vivan en mayor armonía.   

Para que así suceda, el timón de nuestras vidas deberá pasar de las manos de nuestro “homo depredator interior” a las de la “Inteligencia Espiritual”, una de las inteligencias múltiples de nuestro cerebro, que da sentido espiritual a la existencia, nos hace mirarnos en profundidad y conocernos, es base de felicidad en toda circunstancia y favorece la apertura a lo distinto, a los otros y a lo otro obligándonos a abrir los ojos para descubrirnos como personas totales miembros de la gran familia humana. La violencia que ahora sufrimos - violencia del dinero para asegurarse el ser amo del mundo, violencia del macho para defender su superioridad sobre la hembra, violencia del “yo” de cada uno para imponerse  a los demás, violencia del grupo frente a los otros, violencia para ganar y no perder – deberá ceder ante el acercamiento y el encuentro  entre todos.  

Este cambio a mejor en nuestro cerebro significará otro paso adelante en su evolución permanente. Será un paso que llevará mucho tiempo ya que aún se está gestando y en la naturaleza toda gestación lleva su tiempo. Aunque de hecho en algún modo ya ha comenzado:

¿No es signo de cambio la autoridad moral en el mundo de Francisco, un Papa de una Iglesia vieja y moribunda que de su mano va renaciendo con la vuelta al Evangelio? ¿No estamos viendo que en este nuestro mundo líquido crece la concienciación sobre la sostenibilidad de la vida del planeta? ¿No vamos abriendo nuestra mirada y ensanchando nuestro horizonte actual más allá de nuestro terruño cuando nos ponemos en un segundo en contacto directo con nuestros antípodas  en el mundo? ¿No vamos  entrando en un nuevo mundo virtual? ¿No está cambiando el status de la mujer en el mundo? Aún la cosa va con demasiada lentitud, pero a verdad es que cada vez vemos a más mujeres en los primeros puestos de la ciencia y los negocios e incluso como jefas de estado. Falta mucho desde luego y algunas se pasan cien pueblos al grito de “de mi cuerpo hago yo lo que quiero”, pero el cambio es ya imparable.

Pero este cambio necesita de protagonistas que lo lleven a cabo. Será necesario que haya Personas con mayúscula que lo lleven a cabo. Y habrá que formarlas. Toca derribar barreras educacionales y culturales ahora centradas en educar peones eficaces en el actual sistema. Toca crear un nuevo tipo de escuela que forme esas personas nuevas, aunque de hecho ya hay experiencias de este nuevo tipo de educación en el mundo.

Termino esta mi reflexión volviendo a la pregunta que me he hecho al comenzarla “¿habrá trabajo para todos si no hay mejora en la educación de la juventud?” Y propongo que todo el entramado de la sociedad -gobiernos, instituciones públicas y privadas, empresas, familias, educadores, personas- hagamos un gran pacto: renovemos la educación de nuestros niños partiendo de iniciativas ya en marcha, formemos personas que sepan ver la complejidad de la realidad, verse y quererse a sí mismas y estén abiertas a los otros y a lo otro, encuentren su misión en la vida. Convirtamos la educación en un gran juego antesala del gran juego de la vida. 

Bilbao, 21 de agosto del 2016


Txomin Bereciartua

viernes, 12 de agosto de 2016

Experiencias de integración laboral en período de vacaciones


Hoy, 12 de agosto es el Día Internacional de la Juventud. Entre las15 esferas prioritarias de acción aprobadas para este día por la Asamblea General de la Naciones Unidas están el empleo y las cuestiones intergeneracionales. Por eso creo que es oportuno sacar algunos recuerdos de la juventud de personas mayores.
El primero es un recuerdo del acto de la Fundación Novia Salcedo “¡Houston, tenemos un problema!, reinventemos el empleo” que tuvo lugar en junio de 2013 en el Teatro Arriaga de Bilbao de la mano de Iñaki Gabilondo y que, según dice la Memoria de ese año, estaba  “dirigido a todos los que conforman el panorama laboral (empresa, instituciones, emprendedores, trabajadores, jóvenes...) En el segundo bloque del acto, Iñaki Gabilondo fue entrevistando en directo a personas de nuestro entorno intercambiando con ellas vivencias, reflexiones y opiniones que sirvan de inspiración y ayuda.”

Una de estas personas era Pedro Luís Uriarte, exconsejero de Economía del Gobierno Vasco y expresidente de Innobasque, que habló de su primera experiencia laboral cuando era joven: la de limpiacristales en Londres…
Como no me acuerdo los detalles de la experiencia de Pedro Luis Uriarte quizás las siguientes mías pueden aportar algo como“cuestión intergeneracional”.




En unas de las vacaciones de verano cuando era estudiante de Licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad de Lovaina (KU Leuven) busqué un trabajo para poder costear un viaje, organizado por el club estudiantil KSC Brussel (Estudiantes Católicos Flamencos de Bruselas), a las fiestas de las vendimias en las regiones del rio Mosela en Luxemburgo y del Rin en Alemania. Decidimos un amigo, estudiante en medicina, y yo ir a trabajar el mes de julio en la cosecha del lúpulo, un componente en la fabricación de cerveza. Era en el Pajottenland, una región al oeste de Bruselas, Ahora la cosecha se hace con máquinas pero entonces era manual. Estabas sentado en un taburete en medio del campo de lúpulo con una rama de la planta en una mano  sobre las rodillas y con la otra ibas echando los frutos de la planta en una cesta, que cuando estaba llena te la pesaban. Porque te pagaban al peso, no por hora trabajada ni al mes con un sueldo fijo. Ni teníamos un contrato escrito. Era un sistema de pago basado exclusivamente en la productividad, no en el tiempo que dedicabas a tu trabajo.
Pero lo pasábamos fenomenal. Charlábamos con el jornalero o jornalera de al lado, nos contábamos chistes, y estábamos al aire libre haciendo ejercicio con los brazos y las manos. Te hacías amigo de los jornaleros, que trabajaban para sustentar a su familia y no para irse de vacaciones después como nosotros, echando de vez en cuando un fruto de lúpulo de tu ramo en su cesta. La noche los dos dormimos en el establo de la granja sobre colchones llenados con paja en compañía de las gallinas. Nada de “señoritos”. Y el domingo nos fuimos en la bicicleta de mi amigo, él pedaleando y yo sentado detrás, por los senderos del campo al pueblo cercano para ir a comer algo y tomar una cerveza. Una sola porque teníamos que ahorrar y volver en bici a la granja.
Si me acuerdo todavía de estos detalles es porque era una experiencia inolvidable. Más quizás que si me había ido a alguna playa con los gastos pagados por mis padres. Bastante tenían con pagarme los estudios en una universidad privada.
En el verano de 1957, cuando acababa de terminar la licenciatura y antes de empezar mi doctorado, tuve otra experiencia laboral totalmente opuesta. Trabajé con un contrato de “auxiliar temporal” durante un mes en el ayuntamiento de Bruselas. Estábamos en el tiempo preelectoral y mi trabajo consistía en contrastar las listas de los ciudadanos con su ficha de empadronamiento.
Como querría dar una buena impresión me aplicaba mucho en este trabajo sin perder un momento, hasta que vino mi jefe y me dijo que no tenía que trabajar tan rápido, porque tenía que guardar trabajo para el día siguiente. Allí tuve la experiencia de la forma rutinaria de trabajar de algunos funcionarios públicos. El trabajo fue bastante aburrido, salvo en raros momentos, por ejemplo cuando tuve en mis manos la ficha del joven Príncipe Alberto, que años más tarde sería Rey de Bélgica después de la muerte de su hermano el Rey Balduino. El trabajo fue tan aburrido que en un papel iba marcando los días que pasaban.
A pesar de todo fue también una experiencia positiva en el sentido de vivir cómo funciona la administración por dentro y cuál era el ambiente. Y sobre todo me sirvió para decidir que nunca trabajaría en el futuro como funcionario en un empleo rutinario (a pesar de tener respecto para los buenos funcionarios, que también los hay, según mi experiencia con algunos que atienden al público).
Son testimonios de hace muchos años, la tecnología avanza, pero la esencia de lo que es el trabajo no cambia mucho con el tiempo. El trabajo siempre ha sido y es una parte esencial de nuestra sociedad y de nuestra vida social. Muchos jóvenes trabajan en las vacaciones de verano como camareros o camareras en lugares turísticos. Aprenden lo que es el trato con el cliente, y aprenden lo esencial de la calidad de un producto o servicio: la satisfacción del cliente y del trabajador.